Recursive Superintelligence: La startup de Richard Socher que busca la auto-mejora recursiva de la IA

Una nueva era en inteligencia artificial: Recursive Superintelligence

Richard Socher, conocido por fundar You.com y su trabajo en ImageNet, ha lanzado una nueva startup llamada Recursive Superintelligence con sede en San Francisco. La empresa salió del sigilo el miércoles con una financiación de $650 millones. Su objetivo: crear un modelo de IA que se mejore a sí mismo de forma recursiva, sin intervención humana.

¿Qué es la auto-mejora recursiva?

Socher explica que la verdadera recursividad implica que la IA pueda identificar sus propias debilidades y rediseñarse para solucionarlas. «No es simplemente hacer que una IA mejore otra cosa; es un proceso automático de ideación, implementación y validación de ideas de investigación», afirmó en una entrevista. El equipo incluye a Peter Norvig y Tim Shi (cofundador de Cresta), así como a Tim Rocktäschel, experto en open-endedness de Google DeepMind.

El enfoque de open-endedness

La clave del enfoque de Recursive Superintelligence es el concepto de open-endedness, inspirado en la evolución biológica. «En la evolución, los animales se adaptan y otros contra-adaptan. Eso ha generado complejidad durante miles de millones de años», señala Socher. Un ejemplo práctico es el rainbow teaming, donde dos IAs compiten entre sí para mejorar la seguridad: una intenta hacer que la otra cometa errores y así se inoculan mutuamente.

Diferencias con otros laboratorios

A diferencia de los grandes laboratorios, Recursive Superintelligence se centra exclusivamente en la recursividad. Socher aclara que no se consideran un «neolab» (término para startups de IA que priorizan la investigación sobre productos). «Queremos ser una empresa viable, con productos que la gente ame», dice. El equipo cuenta con experiencia en productos reales: Josh Tobin, miembro inicial de OpenAI, lideró los equipos de Codex y deep research.

¿Cuándo veremos un producto?

Socher adelanta que los primeros productos llegarán en trimestres, no en años. «El equipo ha avanzado tanto que podríamos adelantar los plazos iniciales», afirma. En cuanto a los recursos, señala que el cómputo será el factor crítico: «En el futuro, la pregunta será cuánto poder de cómputo quiere la humanidad dedicar a cada problema, como curar el cáncer o enfrentar un virus».

Ilustración de un cerebro humano con frutas y verduras, simbolizando la conexión entre nutrición y función cerebral, metáfora del crecimiento de la IA.
La IA también necesita alimentarse de datos y recursos para mejorar, al igual que el cerebro requiere nutrientes.

La financiación de $650 millones refleja la confianza de los inversores en que esta aproximación recursiva pueda alcanzar la tan ansiada superinteligencia. Socher concluye: «Algunos procesos nunca terminan; siempre se puede ser más inteligente. Los límites teóricos son astronómicos, pero estamos muy lejos de ellos».

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