Condiciones extremas y quejas ignoradas en el FDC Miami
En celdas hacinadas y sofocantes, los hombres duermen en ropa interior para soportar el calor. Observan cómo las cucarachas corretean entre los desechos, mientras el olor a heces y orina inunda el ambiente debido a los inodoros descompuestos. Estas son algunas de las duras condiciones que detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han descrito en las últimas semanas en el Centro de Detención Federal (FDC) de Miami, una torre de concreto en el centro de la ciudad.
Calor extremo, plagas y falta de saneamiento
Los detenidos y sus familiares reportan que innumerables cucarachas invaden las celdas y a veces aparecen en la comida. Muchos inodoros no descargan y se desbordan con desperdicios. “El calor es tan intenso que empapamos las sábanas de sudor”, relató uno de los inmigrantes. Para refrescarse, algunos se afeitan todo el cuerpo, según contó Samantha Fernández, esposa de un cubano detenido. Un preso de 62 años con problemas de salud escribió al director de la prisión que el aire caliente le provoca tos y le impide dormir.
Un portavoz de la Oficina de Prisiones (BOP), Emery Nelson, reconoció que el enfriador principal del aire acondicionado falló el 6 de julio, pero aseguró que las reparaciones se completaron y que tanto empleados como detenidos tienen acceso a ventiladores industriales. Sin embargo, las quejas persisten.
Atención médica deficiente y casos críticos
Varios detenidos aseguran que no reciben la medicación necesaria. Anisley Cortés, ciudadana estadounidense de Orlando, denunció que su esposo, Noslen Sendra González, de 41 años, necesita insulina para su diabetes tipo 2 y no la ha recibido durante dos semanas. “Si vuelve a tener pancreatitis, podría morir allí”, dijo entre lágrimas. En otro caso, Judith Castellanos afirmó que su esposo, Marlon Cervero Trujillo, no ha recibido medicación para la presión arterial en tres semanas, a pesar de tener complicaciones pulmonares por COVID-19.
Los detenidos aseguran que cuando solicitan atención médica, los guardias frecuentemente los rechazan. Un interno grabó un audio en el que dice: “He avisado a la mitad del mundo, a guardias y enfermeras, y nadie hace nada”.
Uso de fuerza y represalias
El 11 de julio se registró un incidente en el que, según la BOP, varios detenidos “confrontaron” al personal quejándose de las condiciones. Tras negarse a volver a sus celdas, los agentes utilizaron gas pimienta para “obtener el cumplimiento”. Familiares aseguran que el gas fue usado de manera indiscriminada. Annett Uset-Dumont, esposa de Daikel Dumont, dijo: “Mi esposo tiene problemas en los ojos porque le rociaron gas pimienta en la cara”.
La BOP afirmó que se investiga el incidente y que no hubo represalias por hablar con los medios, aunque los detenidos temen denunciar las condiciones por miedo a castigos.
Presiones para la autodeportación
Varios detenidos han recibido visitas de oficiales de ICE que los instan a “autodeportarse” a México, incluso si son de origen cubano. Cervero Trujillo contó a su esposa que lo llevaron cerca de la frontera, pero se negó a firmar. “Esto es inhumano”, expresó en una grabación. La administración Trump ha deportado al menos a 6,000 cubanos a México mediante acuerdos bilaterales, lo que ha generado litigios sobre su legalidad.
Claire Trickler-McNulty, exfuncionaria del Departamento de Seguridad Nacional, señaló que las quejas en FDC son similares a las de otros centros que albergan detenidos de ICE. “Necesitan poder ir al baño adecuadamente y tener saneamiento”, afirmó.
Respuestas oficiales y contexto
ICE deriva las preguntas a la BOP, que opera la instalación. Nelson aseguró que los problemas de aire acondicionado y presión de agua se resolvieron en menos de un día, y que el agua es potable según pruebas anuales. Sin embargo, los testimonios de los detenidos y sus familias pintan un cuadro muy distinto. “Los tratan como animales”, resumió Cortés.
El centro, que normalmente alberga a personas con sentencias federales o en espera de juicio, ha incrementado su población de detenidos de ICE tras los incendios cerca del centro Krome el mes pasado. Datos de ICE de abril muestran una población diaria promedio de 460 personas, de las cuales el 46% tienen condenas penales previas.
Las familias, vestidas con camisetas con los rostros de sus esposos, se congregaron frente a la prisión exigiendo cambios. “Tenemos miedo de perder a nuestros esposos, de que pierdan la vida”, dijo Castellanos.