Neil Rimer y la Advertencia sobre la Redistribución de la Riqueza de la IA: Voluntaria o Involuntaria

El llamado de un capitalista de riesgo a la acción

En una conversación en Atenas a finales de mayo, Neil Rimer, cofundador de Index Ventures, lanzó una declaración que ha resonado en el mundo tecnológico:

“Tengo la fuerte sensación de que habrá algún tipo de redistribución de la riqueza generada por la inteligencia artificial. Será voluntaria o involuntaria, pero ocurrirá, y espero que sea voluntaria”.

Rimer, conocido por su enfoque reflexivo, no habla desde la teoría: su firma ha recaudado aproximadamente $15 mil millones de inversores externos y el año pasado las salidas —incluyendo la OPI de Figma y la compra de Wiz por Google— generaron cerca de $9 mil millones para Index.

Neil Rimer en una presentación
Neil Rimer durante una conferencia. Crédito: Wikipedia

El contexto de la filantropía en declive

El llamado de Rimer ocurre en un momento en que la filantropía entre los multimillonarios tecnológicos parece enfriarse. Según un reporte de Stanford Social Innovation Review, las donaciones caritativas en EE.UU. alcanzaron un récord de $592.5 mil millones en 2024, pero el número de estadounidenses que donan ha caído durante cinco años consecutivos. En 2000, dos tercios de los hogares donaban; hoy solo la mitad lo hace. Incluso entre los hogares acomodados, la proporción bajó del 90% en 2017 al 81% en 2024.

El Giving Pledge, lanzado por Warren Buffett y Bill Gates en 2010, también pierde fuerza. En sus primeros cinco años lo firmaron 113 familias; en 2024 solo se sumaron cuatro. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, ha declarado que sus negocios “son filantropía”.

La presión fiscal como alternativa

Ante la falta de donaciones voluntarias, algunos estados buscan imponer la redistribución por la fuerza. California someterá a votación este año un impuesto único del 5% sobre la riqueza de los multimillonarios. Fundadores de Google como Sergey Brin y Larry Page ya han mudado su residencia a Florida para evitarlo. OpenAI, por su parte, evalúa salir a bolsa en 2027, y algunos analistas especulan que una de las razones es anticiparse a ese impuesto.

Neil Rimer conversando con un colega
Neil Rimer en un ambiente distendido. Cortesía: Index Ventures

La magnitud de la riqueza en juego

Las cifras son abrumadoras. Elon Musk se convirtió en la primera persona con un patrimonio superior a $1 billón tras la OPI de SpaceX. Forbes contó 45 nuevos multimillonarios de la IA en su ranking de 2026, con una riqueza combinada de $2.9 billones. Y eso antes de que Anthropic u OpenAI salgan a bolsa. Según Business Insider, cuando ambas empresas completen sus OPIs, sus empleados en conjunto tendrán suficiente dinero para comprar casi un tercio de todas las viviendas en el área metropolitana de San Francisco.

El economista Gabriel Zucman señala que, aunque la participación del 1% más rico es hoy del 31.7% (cerca del pico de 1916 del 45%), las cuatro fortunas más grandes de la Edad Dorada representaban el 4% del PIB; hoy las 19 mayores equivalen al 14%.

Lecciones de la historia

Rimer recuerda que la última vez que la concentración de riqueza alcanzó estos niveles, Andrew Carnegie publicó en 1889 “El Evangelio de la Riqueza”, instando a los ricos a distribuir su fortuna en vida. Ese documento inspiró el Giving Pledge. Sin embargo, apenas unas décadas después, Huey Long lideró el movimiento “Compartir Nuestra Riqueza” y Franklin Roosevelt elevó el impuesto marginal máximo al 79%. La redistribución forzada llegó cuando la voluntaria no fue suficiente.

¿Qué harán los líderes tecnológicos?

Rimer, que invirtió en Anthropic y otras empresas de IA, reconoce ser beneficiario directo de esta riqueza. Pero prefiere que sus colegas elijan compartir antes de que se les obligue. “Hay una manera fácil y una difícil. Apuesto a que la gente elegirá la fácil antes de que la historia elija por ellos”.

El cofundador de Index Ventures, quien ahora vive en Atenas y dedica tiempo a causas como Endeavor Greece y el consejo de Human Rights Watch, ha dado el ejemplo: junto a su padre y hermanos donó $13 millones a la Universidad McGill para crear el Instituto de Investigación y Conocimientos Indígenas.

El dilema de Rimer no es solo económico, sino moral. Cuando escucha a sus hijos hablar de ciertas empresas tecnológicas como su generación hablaba de los fabricantes de armas, sabe que algo debe cambiar.

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