En el hogar de la familia Rosales en Kendall West, la calidez de las dioramas pintadas a mano y los álbumes de fotos de la matriarca contrastan con las profundas divisiones políticas que marcan a la comunidad cubana de Miami. Mientras Susie Rosales, de 86 años, recuerda la Cuba «paraíso» anterior a la revolución y prohibió a sus hijos visitar la isla, sus nietos Alberto, de 23, y Maritere, de 22, crecieron pasando veranos en Pinar del Río, forjando una visión más matizada que choca con el sentimiento duro del exilio.
El conflicto generacional en la comunidad cubana de Miami
Los hermanos Rosales se oponen al poder de Castro y al gobierno comunista, al igual que sus mayores, pero consideran que el embargo y las sanciones de décadas son una política fallida. Se suman a un número sorprendentemente grande de jóvenes cubanos y cubanoamericanos que rechazan las tácticas de la administración Trump contra el tambaleante régimen. «Mitad de nuestra familia está allá, así que se siente como si la mitad de uno estuviera allá», dice Maritere.
Según una encuesta reciente en el sur de Florida, la mayoría de los cubanos y cubanoamericanos culpan al gobierno cubano de la crisis humanitaria en la isla. Sin embargo, esa cifra cae drásticamente entre los adultos jóvenes: casi la mitad de los encuestados menores de 35 años consideran que Estados Unidos tiene una responsabilidad igual o mayor por las condiciones en Cuba.
Las experiencias de los hermanos Rosales y Yiselys Soto
Alberto y Maritere Rosales recuerdan cómo en las protestas masivas de julio de 2021 en la Freedom Tower se sintieron emocionados al principio, pero se alarmaron cuando un orador gritó «¡Pedimos intervención directa ahora!» y la multitud estalló en vítores. «Aquellos que más sufren son el pueblo, y a 90 millas de distancia esto es un juego geopolítico para los cubanoamericanos en Miami», afirma Alberto.
Yiselys Soto, de 31 años, nació en Cuba y llegó a Estados Unidos a los tres años. Trabaja en una clínica psiquiátrica y evita discusiones familiares después de que sus padres le dijeran «la universidad te volvió comunista» al intentar exponer su punto de vista de que Cuba necesita soberanía, no escalada militar. «Es aislante y a veces da miedo», confiesa. «Este es el centro de las personas con esa mentalidad prointervención. Manifestarse en contra se siente muy intimidante».

La brecha revelada por las encuestas
La encuesta mostró que el 67% de los cubanos y cubanoamericanos del sur de Florida aprueban las políticas de Trump hacia Cuba, pero ese número está fuertemente influenciado por los encuestados de mayor edad. Más de la mitad de los adultos jóvenes que conformarán el futuro electorado de Miami desaprueban las acciones de Trump. En particular, el 51% de los menores de 35 años desaprobó las restricciones a los envíos de petróleo a Cuba, en comparación con menos del 30% de los mayores de esa edad.
Fernand Amandi, encuestador, señaló que las actitudes han cambiado desde la era de Barack Obama, cuando los cubanoamericanos estaban más abiertos a normalizar relaciones. «Esas actitudes se han desplazado», atribuyendo el cambio al fracaso de Cuba en implementar reformas democráticas. No obstante, la generación más joven parece mantener un cuestionamiento hacia las políticas de sanciones.
El impacto de las políticas de la era Trump
La administración Trump impuso un bloqueo de petróleo de facto para presionar al gobierno cubano, acelerando el colapso financiero de la isla y contribuyendo a apagones y la falla total de la red eléctrica. El lema «Cuba es la próxima» se repite en Miami y Washington, tras la captura militar de Nicolás Maduro en Venezuela. Sin embargo, Alberto Rosales afirma: «No creo que ninguna acción militar sea beneficiosa para la gente que vive allá».
Jorge Duany, profesor jubilado de la Universidad Internacional de Florida, explica que los cubanos mayores, especialmente los que llegaron entre los años 1950 y principios de los 1970, están más traumatizados por la expropiación, la persecución religiosa y los asesinatos políticos. «Aquellos que llegaron después a menudo ni siquiera tienen recuerdos de los primeros años de la revolución».
«Es deshonesto hablar de los problemas de Cuba sin hablar seriamente del embargo y las sanciones de Estados Unidos. Esas políticas moldean toda la realidad económica de la isla», dice Yiselys Soto.
Un futuro de divergencia
Tomás Regalado, exalcalde de Miami y quien llegó a través del programa Pedro Pan, sostiene que la diáspora se ha convencido de que no se puede negociar con el régimen. «Todo lo que quieren es aferrarse al poder». No obstante, los jóvenes cubanoamericanos como los Rosales y Soto encuentran comunidades de pares que comparten sus opiniones, aunque hablar de política en reuniones familiares sigue siendo incómodo. «No creo que nadie quiera tener una discusión con su familia, especialmente sobre algo tan delicado como esto», concluye Alberto.