Halloween: la historia secreta de ‘truco o trato’ que nació en un festival celta

Más allá de los disfraces y el marketing, la Noche de Brujas es una fusión milenaria del Samhain celta y la migración irlandesa. Descubre por qué se convirtió en la fiesta más grande de EE. UU. y cómo conquistó el mundo

La celebración de Halloween, tal como la conocemos hoy, es un fascinante crisol de tradiciones ancestrales. Sus orígenes se remontan al festival celta de Samhain, que se celebraba hace más de 2.000 años principalmente en lo que hoy es Irlanda, Reino Unido y el noroeste de Francia. Para los celtas, el 31 de octubre marcaba el final del verano, la cosecha y el comienzo de un nuevo año (el invierno, asociado a la oscuridad y la muerte). Creían que en esta noche el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se adelgazaba, permitiendo a los espíritus regresar. Para ahuyentar a los malos espíritus y honrar a sus ancestros, encendían grandes hogueras, realizaban ofrendas y usaban disfraces hechos con pieles de animales. Con la expansión del cristianismo, estas prácticas se fusionaron con las festividades de la víspera de Todos los Santos (All Hallows’ Eve), dando lugar al término «Halloween».

El fuerte arraigo de la Noche de Brujas en Estados Unidos se explica por la historia de la inmigración. Aunque la fiesta llegó en el siglo XVIII con los colonos, fue la gran oleada migratoria de irlandeses y escoceses a mediados del siglo XIX, huyendo de la Gran Hambruna, la que llevó masivamente sus costumbres a Norteamérica. Allí, la tradición se transformó. Las hogueras y los ritos más oscuros se suavizaron, y elementos como el «truco o trato» (trick-or-treating) y el tallado de calabazas (tomando como base la leyenda irlandesa de Jack-o’-lantern) se consolidaron. Con el tiempo, la fiesta se despojó de gran parte de su componente religioso, convirtiéndose en una celebración eminentemente lúdica, comunitaria y muy comercializada, centrada en los disfraces, los dulces y el entretenimiento.

Gracias a la inmensa maquinaria de la cultura popular estadounidense —principalmente a través de Hollywood, la televisión y, más recientemente, las redes sociales— Halloween ha trascendido sus fronteras originales, ejerciendo una influencia cultural global. Películas de terror, series y productos de merchandising han exportado con éxito esta versión «americanizada» del festejo al resto del mundo, incluyendo Latinoamérica, Europa y partes de Asia, donde antes no era una tradición propia. En muchos lugares, se ha adoptado la estética de las calabazas, los disfraces temibles y la búsqueda de dulces, a menudo conviviendo con o complementando las celebraciones locales de Día de Muertos o Todos los Santos. Es un claro ejemplo de cómo una antigua tradición se adapta, se transforma y se propaga en la era de la globalización.

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