Líder católico de Miami viaja a Washington para salvar el TPS de 350.000 haitianos
El arzobispo de Miami, Thomas Wenski, ha intensificado su lucha para que el gobierno federal extienda por tres años el Estatus de Protección Temporal (TPS) para cientos de miles de inmigrantes haitianos. En una visita a Washington D.C., Wenski calificó la crisis humanitaria en Haití como una “casa en llamas” y advirtió que sería “concienzudamente inaceptable” devolver a estas personas a ese país.
¿Qué está pasando con el TPS de los haitianos?
El TPS para Haití, vigente desde el terremoto de 2010, expiró formalmente esta semana tras una decisión de la Corte Suprema de EE.UU. que allanó el camino para que la administración Trump terminara el programa. Actualmente, unos 350.000 haitianos —muchos de ellos en el sur de Florida— enfrentan la pérdida de sus permisos de trabajo y el riesgo de deportación a una nación asolada por la violencia de pandillas, inestabilidad política y crisis recurrentes.
“No nos rendimos, pero lo describiría como un ‘Hail Mary’”, declaró Wenski, en referencia a la difícil situación legal.
Reunión con senadores y la lucha por un proyecto de ley
El arzobispo viajó acompañado del cardenal haitiano Chibly Langlois de Les Cayes, el arzobispo Casey de Cincinnati y el obispo Fabre-Jeune de Charleston. Juntos se reunieron con senadores para defender el proyecto de ley S.B. 4814 y H.R. 1689, que designaría a Haití para el TPS por al menos tres años más. La iniciativa ya fue aprobada en la Cámara de Representantes, pero en el Senado solo cuenta con 30 copatrocinadores, todos demócratas o independientes.
Wenski señaló que la mayoría de los asesores republicanos mostraron simpatía, pero reconoció la falta de voluntad política: “Todos saben que nuestro sistema migratorio está roto. No lo han arreglado en más de 20 años”.
Impacto en la comunidad haitiana del sur de Florida
El fin del TPS golpea con fuerza a South Florida, hogar de cientos de miles de haitianos. En la propia Arquidiócesis de Miami, entre 40 y 50 empleados de los Servicios Católicos de Salud tienen TPS y enfrentan un futuro incierto. La Arquidiócesis emitió un comunicado destacando: “Estos hombres y mujeres son más que empleados: son miembros de nuestra Iglesia y comunidad. Cuidan a los enfermos, consuelan a los ancianos y sirven a los más vulnerables con compasión y dedicación”.
Haití fue designado por primera vez para el TPS en 2010 tras un devastador terremoto que mató a más de 300.000 personas y desplazó a 1.5 millones. Desde entonces, la violencia de pandillas, el hambre y la inestabilidad han obligado a extensiones repetidas. La ONU estima que la violencia de pandillas ha matado a más de 2.300 personas en Haití desde principios de este año.
“Casa en llamas”: el argumento humanitario
Wenski insistió en que enviar de regreso a Haití a quienes tienen TPS es colocarlos en una situación extremadamente vulnerable: “Es un desastre humanitario, una casa en llamas. Decirle a la gente que entre a una casa que arde es inconcebible”.
El arzobispo también se mostró abierto a otras alternativas, como la Salida Diferida Forzada (DED), una herramienta discrecional del presidente. Sin embargo, el lunes, el Departamento de Seguridad Nacional advirtió en redes sociales: “Es hora de cerrar. No tienes que irte a casa, pero no puedes quedarte aquí”.
Misa de esperanza en Maryland
El martes, Wenski y otros líderes religiosos celebraron una misa en la iglesia Nuestra Señora de los Dolores en Maryland, en solidaridad con la comunidad haitiana. El tono fue sombrío pero esperanzador. Wenski reflexionó: “Cuando me preguntan si soy optimista, digo que el optimismo es un valor secular, pero la esperanza es una virtud teológica. Siempre debemos tener esperanza”.

La lucha del arzobispo Wenski y otros líderes continúa, mientras la comunidad haitiana espera una solución que evite la tragedia humanitaria.