Victoria ajustada en la segunda vuelta
Las bocinas de los carros aún resonaban en Bogotá el lunes por la mañana celebrando la victoria de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales de Colombia. El candidato de derecha populista logró imponerse con un 49.66% de los votos frente al 48.70% de su rival, Sergio Cepeda, en un recuento que mantuvo en vilo al país durante toda la noche del domingo.
Una campaña digital y emocional
La campaña de De la Espriella, pulida profesionalmente, combinó el uso de redes sociales e inteligencia artificial con un discurso de seguridad dura y una agenda proempresarial. El candidato, que nunca había ocupado un cargo público, se autodenominó “El Tigre” y utilizó imágenes de tigres danzantes generadas por IA, además de gorras y chaquetas con la cara del felino, para proyectar fuerza y autoridad.
Según el consultor político Ruben Erazo, “no ganó por un programa detallado, sino por una identidad emocional que canalizó la frustración pública”, dirigida especialmente contra el gobierno saliente de Gustavo Petro. De la Esprilla se presentó como un outsider, prometiendo “rescatar” al país de la inseguridad y el fracaso económico, utilizando camisetas de la selección colombiana y saludos militares característicos.

Los desafíos de gobernar un país dividido
“El país está completamente dividido por la mitad”, afirmó Sandra Borda, profesora asociada de ciencia política de la Universidad de Los Andes. El margen de victoria de menos de un punto porcentual (apenas 250.000 votos) deja a De la Espriella con un capital político limitado. Asumirá el cargo el 7 de agosto y su principal reto será la gobernabilidad.
Borda advierte que muchas promesas de campaña, como retirar a Colombia de la ONU y la OEA, requieren aprobación del Congreso y no dependen solo de la voluntad del presidente. La analista señala que “las campañas tienden a prometer más de lo que el marco institucional permite”.
Agenda de seguridad: mano dura sin negociación
De la Espriella hereda un paisaje de seguridad preocupante: se estima que hay 27.000 combatientes armados en el país, junto con economías ilícitas en expansión. Su programa propone el fin de las negociaciones con grupos armados, la construcción de megaprisiones al estilo Bukele y la creación de una “primera línea de seguridad” con veteranos militares y reservistas.
Sin embargo, Javier Flórez, director de Conflicto y Seguridad de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), advierte que “la línea entre conflicto armado y crimen organizado se ha vuelto cada vez más difusa”, por lo que se necesitan estrategias más sofisticadas, no solo operaciones militares. De la Espriella ha apoyado los ataques militares de Donald Trump contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico, pero los analistas dudan de un retorno al Plan Colombia a gran escala.
Promesas económicas y el reto de cumplirlas
El presidente electo prometió más que duplicar la tasa de crecimiento de Colombia, hasta un 7%, reducir impuestos, disminuir el tamaño del Estado y aumentar el gasto en seguridad. Sus partidarios, como la votante Estella Pinzón, creen que “creará más oportunidades para dueños de negocios y ganaderos, personas que pueden dar trabajo a muchos”. Sin embargo, la plataforma de De la Espriella ha sido calificada como “muy, muy delgada” por analistas, y persisten dudas sobre los detalles de su plan económico.
Por otro lado, los seguidores de Cepeda lamentan la derrota. Paula Cordero, partidaria del candidato de izquierda, expresó: “Existe una ‘Petrofobia’ difícil de entender. Petro trajo muchas reformas a los colombianos: acceso a educación gratuita, salud y un plato de comida cada día”.
¿Moderará el discurso?
El consultor Erazo cree que De la Espriella suavizará parcialmente su tono confrontacional por necesidad, no por convicción. “El candidato combativo descubre que gobernar requiere acuerdos que la política de trinchera no puede proporcionar”, afirmó. No obstante, es probable que mantenga su identidad de outsider, ya que “ese sigue siendo su capital político”.