El Peligroso Secreto de las Aguas Profundas del Golfo
La intensificación rápida de huracanes, ese fenómeno donde los vientos aumentan al menos 35 mph en 24 horas, sigue siendo el talón de Aquiles de los pronósticos meteorológicos. Nuevos estudios de la Universidad del Sur de Florida revelan cómo bolsas ocultas de agua caliente en el Golfo de México actúan como combustible para transformar tormentas en monstruos.

El Misterio de la Pluma de Agua Dulce
Investigadores descubrieron que el huracán Idalia (2023) saltó de categoría 1 a 4 al absorber energía de una gigantesca pluma de agua dulce caliente -más extensa que en cualquier registro de 20 años– ubicada sobre aguas salinas más frías. «Fue una coincidencia», admite Chuanmin Hu, oceanógrafo de USF, cuyo equipo monitoreaba inicialmente mareas rojas con planeadores submarinos financiados por la NOAA.
«Estas mediciones son cruciales para estudios de huracanes. Ojalá continúen en el futuro», enfatizó Hu sobre los dispositivos capaces de analizar hasta 200 metros de profundidad.
El Efecto Ian: Aguas Profundas Peligrosamente Cálidas
Otro estudio analizó cómo el huracán Ian (2022) se alimentó de aguas anormalmente cálidas en profundidad debido a una falla en la «corriente de limpieza» del Golfo. Yonggang Liu, líder de la investigación, explica: «La falta de circulación dejó aguas estancadas y sobrecalentadas». Al remover estas capas, Ian encontró combustible extra para escalar de categoría 3 a 5.
- Hallazgo crítico: Boyas detectaron temperaturas subsuperficiales más altas que el promedio histórico durante 27 años
- Herramienta clave: Panel público de monitoreo en tiempo real creado por USF
¿Buenas Noticias para el 2025?
Este año, la Corriente del Lazo del Golfo alcanzó un «punto de presión» crítico en la plataforma floridana, generando un beneficio inesperado: «Inunda la costa oeste con aguas más frías, cortando el combustible potencial para huracanes», revela Liu. Un cambio drástico tras cuatro veranos sin este patrón.
La solución: Ampliar redes de boyas en Florida y zonas similares como Carolina del Norte para detectar estas trampas termales submarinas. «Más observaciones subsuperficiales son vitales», sentencia Liu.