La nueva líder socialista busca equilibrar su relación con Washington y mantener a su base radical
La presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez, se encuentra en el centro de una compleja danza diplomática. Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, elogia públicamente su liderazgo y califica la relación bilateral como “wonderful”, Rodríguez lanza una campaña pública para asegurar a la base radical del chavismo que no se ha convertido en un títere de Washington.

Un mensaje de firmeza frente a Washington
En un evento televisado con trabajadores petroleros en Puerto La Cruz, Rodríguez trazó una línea clara:
“Basta de órdenes de Washington sobre los políticos en Venezuela. Que la política venezolana resuelva nuestras diferencias y conflictos internos”
. Esta declaración fue una respuesta directa a lo que calificó como comentarios “inapropiados” y “ofensivos” del Secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent.
Rodríguez afirmó no sentirse intimidada por “amenazas personales” y sostuvo que las relaciones con Estados Unidos deben basarse en el respeto al derecho internacional.
El punto de inflexión: la captura de Maduro
El panorama cambió radicalmente después de que una operación militar estadounidense, ordenada por Trump el 3 de enero, capturara al entonces presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Ambos fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales por narcotráfico.
Desde entonces, el gobierno interino de Rodríguez ha tomado medidas para alinearse con un plan de estabilización respaldado por EE.UU., aunque a menudo a un ritmo lento. Estas medidas incluyen:
- La liberación de cientos de presos políticos.
- Preparativos para permitir el reingreso de compañías petroleras estadounidenses con menos restricciones.
Liberaciones y cifras en disputa
El ministro del Interior, Diosdado Cabello, figura clave del chavismo radical, informó que 808 personas han sido liberadas “antes de diciembre”. Funcionarios estadounidenses vinculan esta aceleración en las liberaciones a la fase de “estabilización” gestionada por Washington y liderada ahora por Rodríguez.
Sin embargo, organizaciones de derechos humanos disputan estas cifras, estimando entre 250 y 270 liberaciones reales y señalando que las autoridades venezolanas aún niegan la existencia de presos políticos.
La sombra de la sospecha y el informe «fake»
El deshielo con Washington ha avivado las sospechas entre los chavistas de línea dura, quienes acusan a Rodríguez de haber traicionado a Maduro. Esta tensión se vio exacerbada por un informe del diario británico The Guardian.
El medio citó fuentes de alto nivel que aseguraban que Rodríguez y su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez, habían asegurado en secreto a funcionarios estadounidenses y qataríes que cooperarían con Washington una vez Maduro fuera removido. El gobierno venezolano tachó el reporte de “fake” en las redes sociales oficiales.
Detalles de las comunicaciones secretas
Según The Guardian, las comunicaciones comenzaron en el otoño y continuaron tras una llamada de Trump a Maduro a fines de noviembre. Para diciembre, Rodríguez habría enviado un mensaje claro:
“Maduro tiene que irse” y “Yo trabajaré con lo que sea que venga después”
.
Qatar habría actuado como intermediario, aprovechando los lazos personales de Rodríguez con la familia gobernante de ese país.
La doble cara de los elogios de Trump
Trump ha pasado de advertir a Rodríguez sobre un posible “precio más alto que el de Maduro” a calificarla de “fantástica”. Recientemente, en su plataforma Truth Social, elogió la aceleración en la liberación de presos políticos.
No obstante, la amenacia de una nueva operación militar si Venezuela no cumple con las expectativas de Washington sigue latente, manteniendo la presión sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez, quien debe navegar entre las demandas externas y la lealtad interna para asegurar la estabilidad del país.