La neurotecnología biohíbrida da un paso crucial con el reclutamiento de un destacado neurocirujano de Yale
Science Corporation, la startup del ex presidente y cofundador de Neuralink, Max Hodak, ha dado un paso decisivo en su ambicioso proyecto de conectar el cerebro humano con las computadoras. La compañía ha sumado al renombrado neurobiólogo Dr. Murat Günel, catedrático del Departamento de Neurocirugía de la Escuela de Medicina de Yale, para liderar los primeros ensayos clínicos en humanos en Estados Unidos de su interfaz cerebro-computadora de tipo biohíbrido.

De la visión a la comunicación cerebral: el ambicioso camino de Science Corp
Fundada en 2021, Science completó el mes pasado una ronda de financiación Serie C de $230 millones, lo que valora a la empresa en $1.5 mil millones. Su producto más avanzado actualmente es PRIMA, un dispositivo para restaurar la visión en personas con ceguera causada por degeneración macular. La tecnología fue adquirida en 2024 y ya ha avanzado en ensayos clínicos.
Sin embargo, el cofundador Max Hodak tenía una visión más grande desde el principio: crear enlaces de comunicación confiables entre computadoras y el cerebro humano, no solo para tratar enfermedades, sino como un camino hacia la mejora humana, como añadir sentidos completamente nuevos al cuerpo.
Por qué un enfoque biohíbrido: superando los límites de los electrodos metálicos
Hodak y su equipo llegaron a la conclusión de que el método convencional de usar electrodos metálicos para influir en el cerebro con electricidad es un camino equivocado. Aunque tecnologías como Neuralink han logrado resultados notables, el Dr. Günel advierte que estas sondas causan daño cerebral que probablemente socava el rendimiento del dispositivo con el tiempo.
“La idea de usar conexiones naturales a través de neuronas y crear una interfaz biológica entre la electrónica y el cerebro humano es genial”, afirmó el Dr. Günel.
Esta limitación llevó al equipo fundador de Science hacia un enfoque más orgánico: un sensor biohíbrido que integra neuronas cultivadas en laboratorio con componentes electrónicos.

El dispositivo: un puente biológico-electrónico del tamaño de un guisante
El sensor biohíbrido de Science, desarrollado por un equipo de 30 investigadores liderados por el cofundador y director científico Alan Mardinly, está diseñado para ser incrustado con neuronas cultivadas en laboratorio. Estas neuronas pueden ser estimuladas con pulsos de luz y están diseñadas para integrarse naturalmente con las neuronas del cerebro del paciente. En 2024, la compañía publicó un trabajo que demostraba que el dispositivo podía implantarse de forma segura en ratones y usarse para estimular la actividad cerebral.
A diferencia de un dispositivo de Neuralink, que se inserta directamente en el tejido cerebral, el sensor de Science se implantará dentro del cráneo pero reposando sobre la superficie del cerebro. Contiene 520 electrodos de grabación empaquetados en un área del tamaño de un guisante.
La hoja de ruta hacia los ensayos en humanos
El Dr. Günel asesorará al equipo mientras se prepara para los ensayos clínicos humanos y ya está en discusión con los comités de ética médica. El primer paso será probar el sensor avanzado de la compañía, sin las neuronas incrustadas, dentro de un cerebro humano vivo.
Debido a su diseño de implantación superficial, la compañía afirma que no planea buscar la aprobación de la FDA para estos ensayos iniciales, argumentando que el pequeño dispositivo no representa un riesgo significativo para los pacientes.
El plan es encontrar candidatos que ya requieran una cirugía cerebral significativa, como víctimas de accidentes cerebrovasculares. En tales casos, Günel espera colocar el sensor sobre su corteza y evaluar su seguridad y eficacia para medir la actividad cerebral.
Aplicaciones futuras: desde la epilepsia hasta el Parkinson
Si tiene éxito, el dispositivo podría abordar múltiples afecciones neurológicas. Un uso temprano podría ser la estimulación eléctrica suave para fomentar la curación de células dañadas. Una aplicación más compleja podría ser monitorear la actividad neurológica en pacientes con tumores cerebrales y proporcionar alertas tempranas de convulsiones.
El Dr. Günel especula que, a largo plazo, este sistema biohíbrido podría ofrecer tratamientos más efectivos para enfermedades como el Parkinson. “Si realmente puedes volver a poner las [células trasplantadas] en el cerebro y proteger esos circuitos, hay una oportunidad, y creo que es una buena oportunidad, de que podamos detener la progresión de la enfermedad”, afirmó.
El horizonte temporal: un camino por delante
Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer. El Dr. Günel señala que sería «optimista» esperar que los ensayos comiencen en 2027. Mientras tanto, el enfoque interno de la empresa está en desarrollar prototipos y perfeccionar el cultivo de células neuronales para diferentes aplicaciones terapéuticas que cumplan con los estándares médicos.