Un debate que expone dos visiones antagónicas
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y el periodista Luis Novaresio mantuvieron un intenso intercambio en redes sociales a raíz del proyecto que busca derogar la Ley 25.542 de protección de libros. Ambos coincidieron en que la discrepancia es profundamente cultural.
El origen del cruce
Todo comenzó con un posteo de Novaresio en su cuenta de X, donde afirmó:
“La crueldad al pretender hacer desaparecer librerías y editoriales independientes, en cada barrio de cada ciudad o pueblo es un modo sofisticado de la maldad”.
La publicación no tardó en recibir respuesta de Sturzenegger, quien cuestionó si el periodista había leído realmente el contenido de la ley.
La respuesta de Sturzenegger
El ministro replicó:
“Una vez más me encuentro en las antípodas del pensamiento de @luisnovaresio que habla de crueldad por querer derogar la Ley 25.542. Me pregunto si Luis habrá leído lo que dice la ley. Me imagino que no, porque la ley que proponemos derogar solo prohíbe que se ofrezcan descuentos sobre los libros”.
Para ejemplificar su postura, Sturzenegger relató una anécdota: “Me contaba un librero amigo que en la última feria del libro quería vender las Crónicas de Narnia a 40.000 pesos, y que blandiendo esta ley lo obligaron a subirlo a 99.000 por ser el único precio admitido”. Y agregó: “Me pregunto en qué planeta de qué universo podría uno oponerse a que los libros lleguen más baratos a los consumidores. Crueldad es, a nuestro entender, emitir leyes que perjudican al consumidor”.
La discrepancia cultural
Sturzenegger profundizó en la diferencia de visiones:
“¿De dónde surge entonces esta diferente visión de quienes queremos que la cultura se difunda y llegue a todos en total libertad? Nosotros queremos eso y voy a asumir que Novaresio también. Pero la diferencia de visiones radica en dónde se pone la centralidad”.
El funcionario argumentó que “el presidente Milei pone la centralidad siempre en el individuo y su libertad. Desde esa perspectiva derogar esta ley es una obviedad, por el sencillo motivo que permitirá el acceso a libros más baratos”. En contraste, sostuvo que Novaresio “no se interpela sobre el acceso a la cultura del individuo, de las familias, de los niños y adultos”, sino que “defiende la renta de un eslabón del negocio”.
La réplica de Novaresio
El periodista no tardó en responder:
“A mí no me hacen falta más que tantos caracteres, ministro. La diferencia es cultural. Es cierto. Yo sí creo en la cultura de autores y libreros argentinos apoyados por el Estado; quizá si invierte su precioso tiempo para responderme en recibir una vez a toda la industria del libro, se ahorra sus adjetivos nacidos de la soberbia. Recuerde. Usted es un servidor público. Inquilino del poder. Gracias”.
El cruce dejó en evidencia dos posturas irreconciliables sobre el rol del Estado en la difusión cultural y la regulación del mercado editorial.