El terremoto anunciado: una falla que no mintió
El geólogo Franck Audemard sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que un gran terremoto golpeara Venezuela. El 24 de junio, dos sismos consecutivos de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudieron la costa norte-central del país, separados por apenas 39 segundos y 3 millas. El saldo oficial supera los 5,300 muertos y decenas de miles de desaparecidos, mientras cientos de edificios quedaron reducidos a escombros.
Audemard, con más de 30 años en la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, había publicado una advertencia en Facebook 19 días antes: “¡Mantengamos los ojos abiertos! Para crear conciencia, NO alarma. Esta región tiene un intervalo de recurrencia de aproximadamente 60–70 años para terremotos de Mw 6.0+”. La falla de Boconó, responsable del sismo de 1967 que mató a más de 200 personas, estaba lista para liberar otro de magnitud 7.4, según un informe que él coescribió en 2017.
“No fue una sorpresa. Para mí, en ningún momento fue una sorpresa. Fue más anticipado que un bebé largamente deseado”, declaró Audemard.
Advertencias ignoradas durante décadas
Expertos en sismología e ingeniería dentro y fuera de Venezuela habían alertado reiteradamente sobre el riesgo sísmico del país. Cerca del 80% de la población vive en zonas de alto riesgo. Las advertencias incluían:
- Suelos vulnerables: sedimentos blandos que amplifican las vibraciones durante un sismo.
- Edificios sin refuerzo: muchas estructuras necesitaban ser rehabilitadas.
- Estudios inconclusos: investigaciones clave nunca se completaron por falta de fondos o voluntad política.
- Corrupción en la construcción: falta de inspección técnica en las obras.
Un estudio japonés encargado por el expresidente Hugo Chávez en 2005 propuso un plan de $2,800 millones para reforzar edificios, controlar flujos de escombros, reubicar personas en zonas de alto riesgo y establecer sistemas de alerta temprana. El plan debía completarse en 2020, pero no hay evidencia de que se haya implementado, ni siquiera en La Guaira, el estado más golpeado por los sismos.
La tragedia anunciada de La Guaira
La Guaira, bañada por el Caribe y separada de Caracas por el cerro Ávila, ya había sufrido una catástrofe en 1999 con deslizamientos de tierra que mataron a miles. Tras aquella “tragedia de Vargas”, el Servicio Geológico de EE.UU. recomendó no construir en las áreas de abanicos aluviales. Sin embargo, se levantaron torres de viviendas públicas del programa Misión Vivienda de Chávez, muchas de las cuales colapsaron como fichas de dominó durante los terremotos de junio.

El geólogo Matthew C. Larsen, quien visitó La Guaira en el 2000 tras los deslizamientos, señaló: “La falta de cuidado o el interés por las ganancias por encima de una planificación cuidadosa lleva a estas terribles catástrofes”. Un mapa satelital de la NASA mostró que la mayoría de los daños se concentraban en material no consolidado, es decir, suelos aluviales no aptos para edificios altos.
Códigos que no se cumplen, vidas que se pierden
Venezuela ha actualizado sus códigos de construcción varias veces desde 1967, pero el ingeniero estructural Jesús Rodríguez afirmó: “En Venezuela enfrentamos el problema de la falta de inspección técnica en las obras. Vivimos en un país corrupto donde el Estado no aborda esta necesidad pública”. El ingeniero José A. Martínez Cruzado, de la Universidad de Puerto Rico, agregó que las fotos de edificios colapsados sugieren que carecían de muros estructurales (muros de corte y esbeltos) necesarios para resistir sismos.
“Un terremoto no mata personas, un edificio mata personas. Para reconstruir hay que considerar el peligro y la ciencia de la tierra para construir una ciudad más resiliente”, dijo Elizabeth Vanacore, sismóloga de la Red Sísmica de Puerto Rico.
El costo de ignorar a la ciencia
El profesor Gustavo Coronel, de la Universidad Central de Venezuela, coautor de un libro en 2024 que advertía sobre el riesgo sísmico en Caracas, indicó que el riesgo pudo haber sido subestimado por la baja frecuencia de eventos grandes en Venezuela, en comparación con Chile o Japón. “La reducción del riesgo en escuelas y edificios educativos no se trató como una prioridad”, lamentó.
Por su parte, Michael Schmitz, geofísico de la Universidad Simón Bolívar, propuso un proyecto de microzonificación para La Guaira en 2018, pero no logró fondos. “La política oficial está muy enfocada en dar comida a la gente una vez al mes, no en problemas fundamentales”, dijo.
Audemard, que visitó el complejo de viviendas públicas “Urbanismo Hugo Chávez” donde dos tercios de los edificios colapsaron, insiste en que las recomendaciones de los expertos deben reflejarse en leyes y códigos de construcción, y que estos deben cumplirse estrictamente durante la reconstrucción. “En última instancia, los líderes gubernamentales priorizan lo urgente sobre lo importante”, concluyó.
Lecciones para el futuro: reconstruir con memoria
Países como Chile, que han sufrido terremotos de mayor magnitud con menos daños, demuestran que es posible construir de forma segura con muros de concreto reforzado y acero, y con tecnología de aislamiento de base para hospitales. La historia demuestra que ciudades como San Francisco, Lisboa, Tokio y Christchurch se han reconstruido más fuertes tras catástrofes. En Venezuela, la pregunta sigue abierta: ¿se habrá aprendido la lección esta vez?