Las advertencias de los científicos no fueron escuchadas
Días antes del devastador terremoto que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio, el geólogo Franck Audemard publicó una alerta en Facebook: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas había registrado 61 temblores en una semana. “¡Mantengamos los ojos abiertos! Para crear conciencia, no alarma”, escribió. Pero su advertencia, como muchas otras, fue ignorada.
El sismo, de magnitudes 7.2 y 7.5 casi simultáneas, tuvo su epicentro en la falla de Boconó, la misma que provocó el terremoto de 1967 que mató a más de 200 personas. Hasta el jueves, la cifra oficial de fallecidos superaba los 5.300, y decenas de miles siguen desaparecidos bajo los escombros en el estado La Guaira, la zona más afectada.

Un desastre anunciado por años
Audemard, quien trabajó durante más de 30 años en la fundación sismológica, coescribió en 2017 un informe que concluía que la falla de Boconó estaba lista para liberar un terremoto de magnitud 7.4. “No fue una sorpresa. Para mí, en ningún momento fue una sorpresa. Fue más anticipado que un bebé largamente deseado”, declaró al Herald.
Los expertos venían alertando sobre la vulnerabilidad de Venezuela desde hacía décadas. Matthew C. Larsen, exdirector del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, visitó La Guaira en el año 2000 tras los deslizamientos que mataron a miles. Su equipo advirtió que ciertas zonas solo debían usarse para parques o campos de golf, no para viviendas. “La falta de cuidado o el interés en las ganancias sobre una planificación cuidadosa lleva a estas catástrofes”, dijo Larsen.
Construcciones sin control y códigos ignorados
El ingeniero estructural Jesús Rodríguez señaló que aunque Venezuela ha actualizado sus códigos de construcción varias veces desde 1967, la falta de inspección técnica es un problema crónico. “Vivimos, desafortunadamente, en un país corrupto donde falta supervisión”, afirmó. Más de 500 edificios colapsaron solo en La Guaira, según reportes informales.
El profesor José A. Martínez Cruzado, de la Universidad de Puerto Rico, explicó que las imágenes de edificios “pancake” sugieren que carecían de muros estructurales adecuados. Además, la cercanía a la costa y a los sistemas de fallas magnificó el impulso sísmico. “El terremoto no mata personas, los edificios matan personas”, sentenció la sismóloga Elizabeth Vanacore.
El estudio japonés de 2005 y el plan que nunca se ejecutó
Un estudio encargado por el fallecido presidente Hugo Chávez en 2005 propuso un plan de $2.8 mil millones para reforzar edificios, reubicar a personas en riesgo y establecer sistemas de alerta. Se estimaba que las obras podrían concluir en 2020, pero no hay evidencias de que se implementaran. Martínez Cruzado cree que, de haberse aplicado, “los colapsos probablemente se habrían reducido significativamente”.
El geofísico Michael Schmitz, de la Universidad Simón Bolívar, intentó en 2018 un proyecto de microzonificación sísmica en La Guaira, pero no obtuvo fondos. “La política oficial se centra en dar comida a la gente una vez al mes, no en problemas fundamentales como este”, lamentó.
La memoria corta y la urgencia de reconstruir con ciencia
Audemard, quien visitó recientemente el complejo de viviendas públicas “Urbanismo Hugo Chávez” en La Guaira, constató que dos tercios de los edificios se derrumbaron. “Todo tendrá que ser demolido”, dijo. Larsen recordó que los pueblos indígenas ya advertían a los españoles que las montañas “escupían rocas”, pero sus advertencias fueron ignoradas.
Expertos como Gustavo Coronel, de la Universidad Central de Venezuela, advirtieron en un libro de 2024 sobre el riesgo sísmico en Caracas. Sin embargo, la baja frecuencia de grandes terremotos en Venezuela lleva a subestimar el peligro. Países como Chile, Japón o California han reconstruido ciudades más seguras tras desastres. “Para reconstruir, hay que tomar en cuenta el peligro y la ciencia de la tierra para construir una ciudad más resiliente”, concluyó Vanacore.
Mientras las familias siguen excavando entre los escombros con sus propias manos, la lección es clara: las advertencias de los expertos no pueden seguir siendo ignoradas.