Cambio estratégico en la política hacia Irán
El presidente Donald Trump, conocido por criticar guerras prolongadas, está virando hacia una postura más agresiva contra Irán, influenciado por figuras como el general Michael «Erik» Kurilla y los senadores republicanos Lindsey Graham y Tom Cotton.

Presión por acción militar
Graham confirmó haber instado a Trump durante el G7 a apoyar los esfuerzos israelíes contra el programa nuclear iraní: «Señor presidente, este es un momento histórico. Cuatro presidentes prometieron que Irán no tendría armas nucleares. Bajo su mandato, puede cumplir esa promesa».
Bombas ‘bunker buster’ en la mira
Trump evalúa usar bombas estadounidenses de 30,000 libras contra la instalación nuclear subterránea de Fordo, objetivo que parecía impensable hace una semana. Solo los bombarderos furtivos B-2 pueden transportar este armamento exclusivo de EE.UU.

Diplomacia en segundo plano
Un funcionario de la administración reveló: «El movimiento actual se aleja de la diplomacia hacia la participación militar estadounidense. Avanzamos hacia la eliminación de instalaciones nucleares iraníes». Trump reforzó esta postura exigiendo la «RENDICIÓN INCONDICIONAL» de Irán en redes sociales.
División interna y apoyo clave
El vicepresidente JD Vance, inicialmente partidario de un enfoque más moderado, respaldó públicamente las opciones militares: «El presidente puede decidir acciones adicionales. Merece confianza en este tema». Paralelamente, figuras aislacionistas como Andy Baker mantienen influencia en el Consejo de Seguridad Nacional.
Despliegue militar y decisiones pendientes
EE.UU. ha movilizado buques de guerra y tanques a Oriente Medio como medida preventiva. Trump mantiene ambigüedad sobre acciones futuras: «Nadie sabe qué haré. Puede que actúe, puede que no», declaró, criticando a Irán por no negociar antes de la escalada.