En una sorprendente y audaz operación con vehículos aéreos no tripulados, Ucrania atacó múltiples aeródromos rusos en su retaguardia, reportándose la destrucción a más de cuarenta aeronaves, incluyendo bombarderos estratégicos
La tranquilidad de la noche rusa se vio interrumpida por una serie de explosiones que sacudieron bases aéreas consideradas seguras hasta ahora. Una coordinada ofensiva con drones, presuntamente ucranianos, alcanzó varios objetivos militares, causando daños significativos a una importante cantidad de aviones enemigos. Las primeras informaciones apuntan a más de cuarenta aeronaves afectadas, incluyendo valiosos bombarderos estratégicos, lo que supone un golpe considerable para la capacidad aérea rusa.
Este ataque sin precedentes en la profundidad del territorio ruso evidencia la creciente capacidad de Ucrania para desarrollar y utilizar este tipo de tecnología de largo alcance. Si bien Kiev no ha confirmado su responsabilidad, la sofisticación del ataque sugiere una planificación y ejecución meticulosas. La ofensiva no solo causa pérdidas materiales al ejército ruso, sino que también revela vulnerabilidades en sus defensas y logística, forzando una reevaluación de la seguridad de sus bases aéreas.
El silencio oficial desde Moscú contrasta con la creciente alarma entre analistas internacionales, quienes ven en este ataque una escalada significativa del conflicto. La capacidad de Ucrania para alcanzar objetivos estratégicos tan lejos del frente marca un nuevo y preocupante giro en la guerra, con implicaciones aún por determinar en el desarrollo futuro de las hostilidades.