Europa traza su propio camino: reducir la dependencia tecnológica de EE.UU.

Un divorcio tecnológico en marcha

Europa está inmersa en lo que muchos llaman un divorcio tecnológico con Estados Unidos. Tras años de dependencia de gigantes como Microsoft, Google y Palantir, los gobiernos europeos buscan alternativas que garanticen la soberanía de sus datos. Sin embargo, el proceso es desigual y, en ocasiones, contradictorio. Mientras Francia reduce su uso de Windows, su agencia de inteligencia interior renovó un contrato con la controvertida firma de análisis de datos Palantir.

El detonante: la ley CLOUD Act

Un cambio clave se remonta a la primera presidencia de Trump. En 2018 se promulgó la CLOUD Act, que obliga a las empresas tecnológicas estadounidenses a entregar datos a las autoridades incluso si la información está almacenada en el extranjero. Esto significa que tener servidores en suelo europeo ya no es garantía suficiente cuando se trata de datos críticos.

Salud sensible: el ejemplo francés

Los datos sanitarios son quizás los más sensibles. Hace un año, el gobierno francés anunció que su Health Data Hub abandonaría Microsoft Azure en favor de una nube soberana. El contrato fue adjudicado a Scaleway, un proveedor francés con una red de centros de datos en expansión en Europa. Scaleway, filial del grupo iliad, también fue uno de los cuatro ganadores de una licitación de €180 millones (aproximadamente $211 millones) de la Comisión Europea para nube soberana.

En esa licitación, AWS European Sovereign Cloud, lanzada por Amazon para abordar las preocupaciones europeas, no fue seleccionada. Sin embargo, persisten dudas sobre si EE.UU. podría tener una puerta trasera debido a que uno de los ganadores utiliza S3NS, una empresa conjunta de nube de confianza entre Thales y Google Cloud.

Dependencias ocultas en las alternativas

No es la primera vez que soluciones presentadas como alternativas a Big Tech enfrentan problemas por dependencias subyacentes. Qwant, el buscador francés recomendado para funcionarios públicos, dependía de Bing de Microsoft. Esa asociación se agrió cuando Qwant acusó a Microsoft de abusar de su posición. La autoridad regulatoria no actuó, pero Qwant ya se había movido: se alió con la organización alemana sin fines de lucro Ecosia para lanzar Staan, un índice de búsqueda europeo y centrado en la privacidad. No obstante, ambos están muy lejos de sus rivales estadounidenses en notoriedad y alcance; incluso Ecosia, la más popular, tiene solo unos 20 millones de usuarios, no miles de millones.

Contratos públicos como palanca

Capturar cuota de mercado es el principal desafío, pero los contratos públicos pueden dar un impulso. La licitación de la Comisión Europea también beneficia a Clever Cloud, OVHCloud y STACKIT (creada por el grupo Schwarz, dueño de Lidl, y ahora comercializada). La perspectiva de ganar grandes contratos con instituciones europeas podría animar a otros actores a seguir el ejemplo. Según sus promotores, “un objetivo adicional de la licitación era fomentar que el mercado ofrezca soluciones digitales soberanas que cumplan con las leyes y valores de la UE”.

Diversificación: ¿bendición o trampa?

La decisión de la Comisión de no depender de un solo proveedor puede ser un arma de doble filo. Por un lado, la diversificación aporta resiliencia y reduce la dependencia. Por otro, no es el mejor camino para fomentar la próxima empresa europea valorada en un billón de dólares.

De Windows a Linux: el software de código abierto

Francia está abandonando Windows en favor del sistema operativo de código abierto Linux. Instituciones en Austria, Dinamarca, Italia y Alemania también buscan reemplazar la suite de Microsoft con alternativas de código abierto como LibreOffice. Este cambio a veces viene acompañado de una filosofía de “construir, no comprar” que ha generado críticas. El Tribunal de Cuentas de Francia cuestionó el gasto en herramientas internas como Visio, un supuesto reemplazo de Zoom y Microsoft Teams. El periódico financiero Les Echos informó sobre el rechazo en el ecosistema tecnológico, incluyendo la pregunta retórica: “Si el gobierno no da ejemplo, ¿cómo se puede esperar que las grandes empresas privadas sigan?”.

Grandes empresas privadas: el escepticismo persiste

Las grandes empresas privadas no han seguido mucho. La aerolínea alemana Lufthansa eligió Starlink (respaldado por Elon Musk) para su servicio Wi-Fi. Lo mismo hizo Air France, ahora aerolínea privada pero aún parcialmente controlada por los estados francés y neerlandés. Existe la posibilidad de que SNCF, la operadora ferroviaria estatal francesa, haga lo mismo.

El factor Musk y el sentimiento público

Que las grandes empresas elijan alternativas depende en gran medida de tener opciones europeas tecnológicamente convincentes. En un enfrentamiento con Polonia, Musk declaró que “no hay sustituto para Starlink”, pero los gobiernos europeos intentan demostrar lo contrario. El sentimiento público también juega un papel: no solo muchos europeos y funcionarios están dejando X, sino que tras la amenaza de Trump de tomar Groenlandia, las aplicaciones para boicotear productos estadounidenses se dispararon en la App Store danesa. La presión sobre los gobiernos europeos para reconsiderar sus contratos aumenta, y el último mini-manifiesto de Palantir probablemente no ayude a su causa en la UE y el Reino Unido.

Una oportunidad de mercado para soluciones europeas

Cuando Meta decidió retrasar el lanzamiento de Threads en la UE por preocupaciones con la ley europea, quedó claro que la región es solo un mercado secundario para los gigantes tecnológicos. Pero esto crea una oportunidad para soluciones construidas para Europa, sus múltiples idiomas y matices culturales. Iniciativas como EuroStack buscan hacer obligatorio que el sector público europeo compre local.

Europa quiere comprar europeo, pero también hay esperanza de que la “tecnología soberana” se venda en el extranjero. Mistral AI vio aumentar sus ingresos por ser una alternativa a OpenAI. Mientras tanto, los gobiernos de Canadá y Alemania apoyan la fusión de Cohere con Aleph Alpha para crear un “poder transatlántico de IA” que sirva a empresas y gobiernos de todo el mundo. En 2026, no ser estadounidense —ni chino ni ruso— es cada vez más un punto de venta.

Gráficos financieros y monedas de la UE representando la economía europea
La economía europea busca su propia senda tecnológica con inversiones en soluciones soberanas.

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