Senado estadounidense da luz verde a inyección de $10 mil millones para programa Artemis
El Congreso de Estados Unidos aprobó este martes el proyecto de ley de reconciliación presupuestaria que destina $10 mil millones adicionales al programa lunar Artemis de la NASA. Esta decisión representa un triunfo para las grandes contratistas aeroespaciales tradicionales y un rechazo a las críticas formuladas por Elon Musk (CEO de SpaceX) y el empresario Jared Isaacman.

Oposición al cohete SLS
El núcleo de la controversia es el cohete Space Launch System (SLS), que Musk calificó de «inviable económicamente» por ser totalmente desechable. A diferencia de los cohetes reutilizables de SpaceX, cada lanzamiento del SLS destruye un cohete cuyo costo de producción ronda los $2.5 mil millones. Hasta la fecha, se han invertido aproximadamente $24 mil millones en su desarrollo, beneficiando principalmente a contratistas como Boeing, Aerojet Rocketdyne y Northrop Grumman.
Postura de Isaacman y conflicto político
Durante sus audiencias de confirmación en el Senado, Isaacman respaldó el uso del SLS para las próximas dos misiones Artemis, pero declaró que «no es la solución a largo plazo para viajar frecuentemente a la Luna y Marte». La relación entre Musk y el presidente Trump se deterioró tras la revocación abrupta de la nominación de Isaacman como administrador de la NASA, tensión que podría intensificarse si Trump firma la ley.
Destino de los fondos aprobados
- $4.1 mil millones para cohetes SLS adicionales (misiones Artemis 4 y 5)
- $2.6 mil millones para completar la estación orbital lunar Gateway
- $1.25 mil millones para operaciones extendidas de la Estación Espacial Internacional
- $325 millones a SpaceX para desarrollar nave de desorbitación de la ISS
Esta asignación contradice la propuesta presupuestaria original de Trump en mayo, que planteaba «eliminar progresivamente el SLS después de la misión Artemis III».

Futuro incierto para la exploración lunar
La aprobación congresional marca un punto de inflexión en la política espacial estadounidense, priorizando el programa tradicional de la NASA sobre visiones alternativas promovidas por actores comerciales. El desenlace definitivo dependerá de la firma presidencial y del desarrollo de las tensiones entre la administración y los líderes de la industria espacial privada.