La desconfianza hacia la IA se extiende en Estados Unidos
Pese a los avances tecnológicos, la inteligencia artificial (IA) sigue perdiendo terreno en la opinión pública. El miércoles, Axios informó que el Comité Senatorial Republicano Nacional envió un memorando a las principales empresas de IA advirtiendo que los centros de datos en Estados Unidos están perjudicando las posibilidades del partido en una elección clave de Ohio. Casi en simultáneo, un estudio de Pew Research reveló que las preocupaciones de los estadounidenses sobre la IA están aumentando.

Encuestas: la confianza en la IA se debilita
El malestar no es anécdota: las encuestas muestran una tendencia clara. Según Pew Research, el 52% de los estadounidenses dice estar “más preocupado que entusiasmado” por el uso creciente de la IA en la vida diaria, un salto significativo frente al 37% registrado en 2021.
| Encuesta | Hallazgo principal |
|---|---|
| Pew Research | 52% más preocupados que entusiasmados (frente al 37% en 2021) |
| CNBC (18-34 años) | La mayoría no confía en que los nueve líderes destacados de la industria actúen “de manera responsable” |
| Economist/YouGov | Más del 70% cree que la IA avanza demasiado rápido |
El descontento ya se refleja en los balances. El Wall Street Journal informó esta semana que las empresas tecnológicas enfrentan una crisis de relaciones públicas por sus planes de construir centros de datos en todo Estados Unidos. Para mitigar el rechazo, han empezado a endulzar los acuerdos con garantías de empleo, inversiones en agua limpia y beneficios locales. En un caso, maestros de una parroquia de Luisiana recibirían bonificaciones de 50.000 dólares.
Consumidores sin beneficios claros
El sentimiento subyacente es que los consumidores no ven cómo la IA mejora sus vidas, pero sí se les pide absorber los costos. Hoy muchos la asocian con chatbots, búsquedas con IA como el transformado Google, o funciones que aparecen en productos cotidianos como el correo electrónico y los televisores, aunque no las hayan pedido.
- Trampas escolares: la IA ayuda a algunos estudiantes a hacer trampa, incluso a nivel universitario, lo que abre interrogantes sobre el valor de los títulos.
- Propiedad intelectual: los bots se entrenan con contenidos ajenos para generar arte, videos, música y textos, tareas que históricamente eran humanas.
El intercambio no parece justo: en lugar de trabajos automatizados con mayores salarios y semanas laborales más reducidas, los consumidores ven la amenaza de pérdida de empleo y funciones poco convincentes, como páginas web resumidas o televisores que conversan. Esa combinación endurece el escepticismo.
Por eso, no sorprende que la IA enfrente más rechazo que el iPhone, la computadora personal o incluso internet en etapas similares de adopción. Todavía hay quienes se sorprenden por la reacción del público, porque asumieron que la adopción masiva llevaría a la aceptación. Sin embargo, las tendencias de consumo apuntan en la dirección opuesta.
El giro hacia lo retro y lo presencial
Mientras la tecnología avanza, los jóvenes se interesan por teléfonos básicos, cámaras compactas, reproductores de casetes y CD. Los iPods clásicos, sin IA ni algoritmos, se venden a precios elevados en eBay. Pasatiempos como el acolchado, el tejido, los rompecabezas, las cartas y el Mahjong ganan popularidad, y los encuentros presenciales y clubes de running compiten con las citas en línea.
Algunos en Silicon Valley atribuyen este fenómeno a un problema de comunicación: creen que hace falta explicar mejor la IA para que la gente aprecie sus beneficios. La realidad, sin embargo, podría ser que los consumidores la entienden bien y no creen que los beneficios superen los costos.
Los líderes del sector reaccionan
Algunos ejecutivos reconocen que el problema va más allá de la narrativa. Brian Chesky, CEO de Airbnb, admitió en un podcast reciente que el rechazo a la IA es real y está vinculado a que la industria no lanza productos que las personas comunes realmente quieren.
“Necesitamos desarrollar más productos que la gente común pueda usar y decir: ‘Me encanta la IA porque me permite tener un médico a demanda y no puedo tener eso. No puedo permitírmelo’”.
Por su parte, Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó en X esta semana que la percepción pública negativa es un “gran problema” y, en esencia, una “crisis de confianza”. A su juicio, la gente desconfía de las empresas, los gobiernos y la industria tecnológica porque sospecha que “están preparando una nueva forma de perjudicarlos”. La solución, dijo, es cumplir las promesas de la IA, como curar el cáncer.
“La crítica más acertada contra las empresas de IA, incluida Anthropic, es que aún no hemos cumplido nuestras grandes promesas de beneficiar al mundo. Eso es totalmente culpa nuestra”, señaló.
Un problema de negocios que no se detiene
La creciente desconfianza ya no es solo un tema de imagen. Para una industria que ha recaudado cientos de miles de millones de dólares con la promesa de que la IA es inevitable, el malestar público se convierte en un desafío comercial. La pregunta es si el sector podrá demostrar beneficios tangibles o si la brecha entre la industria y la gente seguirá ampliándose.