La Corte Suprema de Brasil impone drásticas medidas al expresidente y figura del Partido Liberal.
En un giro que sacude el tablero político brasileño, el Supremo Tribunal Federal (STF) dictó este viernes un paquete de restricciones severas contra Jair Bolsonaro, implicado en la trama para subvertir el orden democrático. La decisión, que incluye un toque de queda domiciliario y la prohibición expresa de utilizar redes sociales —su principal herramienta de comunicación y movilización—, marca un punto de inflexión en el proceso que busca determinar su responsabilidad en el intento de golpe de Estado. La fiscalía no solo pide su condena por «asociación criminal armada» y «golpe de Estado», sino que también ha solicitado medidas similares contra siete de sus colaboradores más cercanos, evidenciando una red de complicidad que el sistema judicial brasileño está decidido a desentrañar.
La jornada estuvo marcada por una serie de allanamientos de la Policía Federal en domicilios vinculados a Bolsonaro y en la sede del Partido Liberal (PL), la formación política que lo alberga. Estas acciones se enmarcan en la profundización de la investigación, que lo señala como el «líder» de un plan para desconocer los resultados electorales de 2022 y perpetuarse en el poder, desafiando la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva. Mientras tanto, desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump sumó una voz de apoyo a Bolsonaro, calificando el proceso judicial como una «caza de brujas» y defendiendo su integridad. Este respaldo, si bien no sorprende dada la afinidad ideológica entre ambos líderes, subraya la polarización que rodea la figura del exmandatario brasileño y la dimensión internacional que adquiere su compleja situación legal.