La sede de gobierno permanece sitiada por miles de manifestantes que avanzan hacia el Palacio Quemado; los hospitales se declaran en colapso total debido a los bloqueos de rutas
LA PAZ, BOLIVIA — La tensión escala a niveles dramáticos en este preciso momento en la sede de gobierno boliviana. Miles de manifestantes pertenecientes a sectores campesinos, obreros y transportistas descienden masivamente desde la ciudad de El Alto hacia el centro de La Paz, haciendo retumbar petardos y exigiendo a gritos la renuncia inmediata del presidente Rodrigo Paz Pereira. La histórica Plaza Murillo, epicentro del poder político, se encuentra completamente militarizada y protegida por cientos de efectivos antimotines con equipos gases lacrimógenos, previendo un inminente y violento choque con las columnas de protesta que ingresan al casco urbano en el inicio de una cuarta semana de parálisis total.
La situación humanitaria en la urbe paceña es desesperada a esta hora debido al fracaso del «Corredor humanitario con banderas blancas» intentado por el gobierno el fin de semana, cuyos convoyes fueron bloqueados y emboscados en las carreteras troncales. Con cerca de medio centenar de rutas completamente cortadas por piedras, troncos y dinamita, el Servicio Departamental de Salud mantiene la alerta máxima en los hospitales de La Paz y El Alto por la falta crítica de oxígeno medicinal, insumos quirúrgicos y alimentos básicos. El desabastecimiento de combustible ha vaciado por completo las avenidas de transporte público, dejando los mercados desiertos y sumiendo a la capital en un aislamiento absoluto que ya se cobra cuatro víctimas fatales indirectas por falta de atención médica.
En un intento desesperado por frenar la ola de furia social gatillada por la inflación, el desabastecimiento y el uso de combustible de mala calidad, el presidente Paz Pereira acaba de anunciar hace apenas unas horas una reducción del 50% de su sueldo y el de todos sus ministros, además de la creación de un Consejo Económico y Social para forzar una negociación. Sin embargo, la medida ha sido rechazada tajantemente en las calles por las bases leales a la Central Obrera Boliviana (COB) y las facciones indígenas, quienes aseguran que no levantarán los bloqueos hasta que el mandatario abandone el Palacio Quemado. La crisis mantiene en vilo a la comunidad internacional y muy especialmente al sur de Florida, donde la gran comunidad boliviana en Miami sigue minuto a minuto los reportes televisivos y las transmisiones en vivo, temiendo que la violencia derive hoy mismo en un quiebre constitucional irreversible.