En un encuentro cargado de expectativas, los presidentes de Estados Unidos y Rusia se reunieron en tierras frías para debatir el intrincado camino hacia la paz, mientras Kiev observa con preocupación el tablero de negociaciones
A pesar de la voluntad de paz expresada por Trump, las intenciones de ambos líderes en esta cumbre eran notoriamente diferentes. Mientras el presidente estadounidense buscaba un acuerdo que incluyera la devolución de parte del territorio ucraniano, Vladimir Putin, según el analista Lucien Kim del Crisis Group, se centró más en normalizar las relaciones con EE.UU., sintiendo que lleva la delantera en el conflicto. Esta percepción de superioridad rusa se evidenció en la ausencia del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, quien insiste en la necesidad de su participación en cualquier negociación que involucre el futuro de su país.
La postura de Putin incluye la exigencia de que Kiev reconozca la anexión de Crimea, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, además de la garantía de que Ucrania nunca se unirá a la OTAN. Por su parte, Trump ha presionado a Ucrania para que acepte la pérdida de parte de su territorio en manos de Moscú, una propuesta que no fue bien recibida en Kiev, ya que implicaría una significativa cesión de soberanía. Expertos como Oleg Ignatov, también del Crisis Group, coinciden en que las visiones de Washington y Moscú sobre el fin de la guerra son muy distintas, y que Putin, sintiéndose en una posición fuerte, no estaría dispuesto a «compromisos dolorosos» a menos que ocurra un «milagro».