Por Isabela Figueroa
Dejemos de decir que “falló el sistema”.
El sistema no falla solo. El sistema decide.
Y en el caso de Ángel López, un niño de 4 años muerto en Chubut, la decisión fue devolverlo a un entorno que no fue evaluado, sin controles reales y sin garantías mínimas.
No fue un accidente.
No fue un descuido.
Fue negligencia.
La firma que nadie explica
Alguien firmó esa revinculación.
Alguien avaló ese regreso.
Alguien decidió no verificar.
Hoy ese alguien no está acusado.
Pero debería estar dando explicaciones.
Porque decidir sobre la vida de un niño no es un trámite.
Y acá hubo errores graves. Evitables.
Burocracia que mata
Informes.
Protocolos.
Papeles.
Mientras tanto, la realidad quedó afuera.
¿Quién controló ese hogar?
¿Quién siguió el caso?
Si no hubo control, no hubo protección.
Y sin protección, el sistema no falla: abandona.
Revincular no es exponer
Restituir un vínculo no puede ser automático.
No puede ser apurado.
No puede ser ciego.
Porque cuando el costo es la vida de un niño, ya no es un derecho: es irresponsabilidad.

La diferencia que importa
En sistemas más rigurosos, como en Miami, hay una regla básica:
si hay dudas, no se avanza.
En Chubut, ocurrió lo contrario.
Lo que nadie quiere decir
Hay culpables directos.
Pero también hay responsables que habilitaron todo.
Sin esa decisión judicial, ese niño no estaba ahí.
Sin eufemismos
No fue una tragedia.
Fue una cadena de negligencias.
Y cuando el Estado se equivoca con un niño,
no hay segunda oportunidad.