Relaciones al borde del quiebre
Buenos Aires, 30 de abril. La relación entre el Gobierno de Javier Milei y la CGT atraviesa su peor momento. Con la reforma laboral sancionada en febrero y ya judicializada, sumado a una situación económica negativa, la central obrera ve cada vez más cercana la posibilidad de un paro nacional si el panorama no se revierte en el corto plazo.
Las conexiones entre ambos sectores son escasas. Apenas queda en pie un vínculo institucional encarnado por Julio Cordero, secretario de Trabajo de la Nación, y dirigentes gremiales como Héctor Daer, secretario de Interior de la CGT. También Santiago Caputo, asesor presidencial, mantuvo contacto con el líder de Sanidad y otros dirigentes jóvenes de la central, pero esas gestiones solo lograron mantener la cuota solidaria en la reforma laboral, clave para la financiación sindical, y poco más.
A pesar de ese pequeño acuerdo, la CGT decidió judicializar la normativa, lo que desencadenó una escalada de conflicto que derivó en la masiva protesta cegetista de este jueves, donde sobraron las críticas al oficialismo.

Postura del oficialismo: sin margen para la negociación
Fuentes libertarias aseguran que no hay un espíritu “antisindical” en la administración de Javier Milei y que el diálogo es posible, pero reconocen un choque de visiones sobre el mercado laboral. El presidente, fiel a su estilo, no quiere abrir una instancia de negociación y ordenó a la Procuración del Tesoro hacer todo lo posible para que la ley de modernización laboral quede intacta, sin cambios por sentencias judiciales.
En Casa Rosada remarcan que no hay chances de que “se aprueben todas las paritarias que acuerdan los gremios”, señalando casos de acuerdos salariales con subas por encima del techo paritario o compensaciones exorbitantes a las arcas de las obras sociales. “Ese tipo de cuestiones no las podemos convalidar de ninguna manera”, indican en la fuerza violeta.
Hacia un nuevo paro general
Este escenario, sumado a la compleja situación económica y el fuerte malestar de las bases, puede concretar un nuevo paro general, el quinto en la era de La Libertad Avanza. Un jefe gremial reconoce que hay funcionarios con oficio para negociar, pero lamenta que son los menos y están eclipsados por un jefe de Estado convencido de “acelerar en las curvas”.