El show del títere Manuel: madera, hilos y una puesta en escena quirúrgica

Lo que vivimos ayer en el Congreso no fue un ejercicio de republicanismo ni una rendición de cuentas; fue una función de gala en el Circo de la Posverdad. Manuel Adorni, el hombre que cada mañana se relamía en su propio cinismo desde el atril de la Rosada, ayer se mostró tal cual es: una marioneta de madera, rígida, con la cara tan dura como el material del que parece estar hecho, pero con los hilos peligrosamente tensos y muy a la vista.

La pantomima del «vocero» acorralado

Vimos una puesta en escena de guante blanco, calculada al milímetro para evitar el pensamiento propio. Adorni no fue a exponer; fue a leer lo que otros escribieron. Fue penoso observar cómo el gran comunicador, el «chicanero» de las conferencias matutinas, se desinflaba ante la primera pregunta punzante de los diputados.

Su incapacidad para retener un dato o hilvanar una respuesta por motu proprio fue alarmante. Dependía de una legión de asesores que, como titiriteros tras bambalinas, le pasaban los papeles que él simplemente vocalizaba. Sin el guion, Adorni es la nada misma. Es un comunicador político débil, manipulable y a esta altura, un cadáver político.

El escudo de carne (y madera) de los Milei

Resultó casi bizarro ver al gabinete en pleno, con el Presidente y su hermana a la cabeza, custodiando a un funcionario que, en teoría, debería tener la valentía para defenderse solo. Pero claro, el títere no se sostiene sin alguien que maneje la cruceta.

La presencia de Javier y Karina Milei no fue un gesto de apoyo, fue una necesidad logística: Adorni es el escudo que usan para no recibir ellos las flechas, pero ayer ese escudo mostró grietas por todos lados. Lo llevaron de la mano porque sabían que, ante el menor soplido de la realidad, la estructura de madera se venía abajo.

Un final sin hilos

Fue una exhibición de cobardía institucional. Esa soberbia que muestra ante periodistas acreditados se transformó en un silencio cómplice y evasivo frente a los representantes del pueblo. Adorni evitó responder temas espinosos, refugiándose bajo las polleras de Karina y de sus asesores para ocultar su falta de coraje y de capacidad técnica.

La realidad es que el traje de Ministro le quedó gigante. Ayer quedó claro que, aunque tenga la cara de madera, a este títere le faltan huevos.

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