La fortaleza vidriada de la Suizo Argentina en el corazón de Belgrano
El edificio ubicado en la esquina de Ramsay y Monroe, en el barrio de Belgrano, se ha convertido en el epicentro de la atención tras el escándalo de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), que dio a conocer el nombre de la droguería Suizo Argentina.

Una sede que habla de poder y discreción
La construcción, de alrededor de 20 metros por lado, contrasta con la fisonomía clásica de la avenida Monroe. Sobre la planta baja, equipada con dispositivos electrónicos de ingreso, se elevan tres pisos de oficinas con vistas a la calle, donde desde las 8:00 ya puede apreciarse el movimiento de empleados.
Iluminación uniforme y muebles funcionales, sin demasiados lujos, son visibles a través de cristales que, llamativamente, carecen de cortinas, dejando al descubierto la actividad interna.
Logística y seguridad: un operativo bien aceitado
El edificio cuenta con dos ingresos vehiculares, uno sobre cada arteria, que se comunican internamente. Durante una observación, pudo verse ingresar un Volvo de última generación por Monroe y retirarse, diez minutos después, por Ramsay.
Este sistema funciona de manera selectiva, ya que otros vehículos, como una SUV BMW también de última generación, que ingresaron por Ramsay, permanecieron estacionados allí hasta la tarde, siempre asistidos por un efectivo de la Policía de la Ciudad.
La custodia de la familia Kovalivker
La seguridad es una prioridad para la familia Kovalivker, propietaria de la empresa. En el ingreso por Monroe, un móvil rojo de la empresa San Miguel, con al menos dos personas, custodia el acceso y asiste en el movimiento de mercadería, que fue escaso durante la jornada observada.
Esta fortaleza empresarial, más allá de su arquitectura moderna, refleja un estilo de gestión donde la discreción y la protección son pilares fundamentales, especialmente en un contexto donde el nombre de la compañía ha salido a la luz por su vínculo con un caso de corrupción estatal.