Desaire presidencial en el día de la Patria

¡El sol del 25 viene asomando!, metáfora muy utilizada para representar el fin de un colonialismo asfixiante y el nuevo porvenir para nuestra Patria, fecha que debería evocar la gesta de hombres que antepusieron la visión de una nación a sus intereses personales, pero que se vio empañada por una escena tan lamentable como bochornosa. El presidente Javier Milei, con su ya patentado estilo de confrontación llevada al extremo, pareció creer que el Tedeum era un ring más de sus batallas ideológicas, olvidando que la Catedral Metropolitana no es el recinto para saldar cuentas personales.

Mientras la liturgia intentaba elevar el espíritu patrio, el Presidente eligió un frío silencio y una mirada de acero para negar el saludo al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri y a su propia vicepresidenta, Victoria Villarruel. Un desaire que en la solemnidad del momento y la carga histórica del 25 de Mayo, se sintió como una falta de respeto, como si pensar políticamente distinto fuera motivo suficiente para desairarlos.

Hace exactamente una semana el oficialismo se alzaba con una victoria en las elecciones legislativas, hecho que sin dudas valentona al Presidente y actúa como tal, sin notar que este tipo de actitudes le juegan muy contra ya que como máxima autoridad debería predicar con el ejemplo. Como dato cabe recordar que cuando Milei votó el domingo pasado, al saludar a las autoridades de mesa, uno de los fiscales también lo dejo con la mano tendida negándole el saludo, hecho también repudiable.        

Uno podría esperar que, en un día como hoy, 25 de mayo donde se recuerda la búsqueda de la unidad nacional hace más de dos siglos, el líder de esta nueva Argentina libertaria ofreciera una imagen de integración y respeto institucional. Sin embargo, Milei pareció priorizar la exhibición de sus resentimientos, transformando un acto de Estado en un episodio de notoria descortesía.

¿Es la nueva forma de ejercer el poder en Argentina? ¿Un presidente que confunde firmeza con mala educación y que exhibe sus diferencias en lugar de construir puentes? El contraste entre el espíritu del 25 de Mayo, que celebra la voluntad de un pueblo por forjar un destino común, y la actitud displicente de Milei en el Tedeum resulta, como mínimo, preocupante.

Quizás, en su fervor por demoler lo que considera la vieja política, el presidente Milei esté olvidando las elementales normas de convivencia democrática. Y en este 25 de Mayo, mientras la historia nos recuerda la importancia de la unión para la grandeza de una nación, el gesto del primer mandatario nos deja una pregunta que debe interpelarnos: ¿es posible construir una mejor Argentina desde el rencor, la mala educación y el despotismo?

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