El descenso del Expreso no es casualidad; es la síntesis de una gestión errática que consumió cinco entrenadores en el último año y medio, demostrando una desesperante falta de proyectos deportivos serios
Mendoza. – El golpe es seco. El sonido del fracaso retumba en el nuevo Feliciano Gambarte, suena en cada rincón donde un hincha del Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba intenta digerir lo indigerible. El descenso. Una palabra que pica, que duele y que hoy no es casualidad. Es el resultado directo de una incompetencia dirigencial tan palpable como la fría nieve que a veces cubre la provincia.
No hay eufemismos que valgan. Este no es un accidente. Es la crónica de una muerte deportiva anunciada y perpetrada con una mezcla letal de soberbia, ceguera y lo que es peor, una absoluta falta de reflejos.
La inacción de incompetentes y la traición al verdadero hincha
¿Desde cuando se venía hablando de la tabla general? Hace semanas, diría incluso meses, que la luz de alarma parpadeaba en un rojo amenazante. Sin embargo, la dirigencia, aquella que tiene la obligación de proteger el capital deportivo de la institución, si, la misma que le pedía al socio, al hincha, que fuera a pintar las tribunas de la cancha, la misma que también pedía la donación de materiales de construcción como si los dólares que entraron por la venta de Hernán López Muñoz a un equipo de la MLS no fueran suficiente para tal fin, se dedicó a mirar para otro lado, a tratar diferencias personales.
Se cambiaron técnicos como si fueran figuritas y se trajeron refuerzos de cotillón. Pero el verdadero escándalo no es solo el deportivo, sino la traición al esfuerzo del socio.
Mientras la cúpula, sentada en sus cómodos y flamantes palcos, se negaba a dar el volantazo necesario, ¿quién era el que sostenía el club? El hincha genuino, el trabajador mendocino. Aquel que se levanta temprano, que pelea el día a día y que hace un esfuerzo criminal para llegar a fin de mes, pero que aun así paga la cuota social. Ese que lleva al hijo de la mano, con el corazón lleno de ilusión, pagando la entrada, sabiendo que ese gasto significa privarse de otras cosas.
La previsibilidad de este desenlace es el verdadero escándalo. Eran los dirigentes quienes debían inyectar el oxígeno y la jerarquía que el plantel necesitaba con urgencia. No lo hicieron. Y ahora pagan todos: el plantel, la institución, y fundamentalmente, el fiel hincha tombino, a quien no se le dio nada a cambio del dolor, el sudor y cada peso invertido. La responsabilidad no cae sobre el pibe Santino Andino si erra un gol bajo el arco o si Franco Petroli, sale a cortar un centro a destiempo. Cae, con todo su peso, sobre los escritorios que despreciaron el sacrificio de su gente.
La AFA y el clima enrarecido
Y si de culpas hablamos, no podemos obviar el contexto. En el fútbol argentino, las decisiones no siempre se toman solo en un campo de juego. El descenso de Godoy Cruz también huele a revancha, a esas represalias que se cocinan a fuego lento en los pasillos de la AFA.
Aún resuenan los ecos de las fuertes declaraciones del gobernador, Alfredo Cornejo, cuando puso el dedo en la llaga de la conducción del fútbol nacional, señalando con nombre y apellido a Claudio Tapia y a un sistema que, según sus palabras, está colmado de “mañas”. En aquel momento, se habló de arbitrajes polémicos, de un trato desigual, de una sensación de que el club mendocino, por levantar la voz a través de su máximo referente político, se había puesto en la mira.
Si bien la debacle deportiva tiene su origen en casa, ¿es descabellado pensar que Godoy Cruz, habiendo tocado ese nido de víboras, encontraría un trato benévolo en el tribunal de la calle Viamonte y en los campos de juego? Por supuesto que no. El sistema, en el fútbol como en la política, suele cobrarse caro el atrevimiento. El gobernador Cornejo debería haberse guardado su opinión futbolera para otro momento y dedicarse a lo suyo, gobernar. Para tener una charla futbolera tendrá amigos para llevarla a cabo. ¿Cornejo es el responsable de que el Tomba perdiera la categoría?, no, no lo es, pero sus dichos inoportunos le dieron un empujoncito.
La triste condena
Godoy Cruz se va a la B. No por mala suerte, sino por la irresponsabilidad absoluta de quienes debían ser sus guardianes. Que esta caída sirva, al menos, para una profunda y dolorosa autocrítica. El fútbol es reflejo de la pasión de su gente, pero también del manejo profesional de sus autoridades. Y en este aspecto, el Expreso, hoy, ha quedado exhibido como un club a la deriva. La historia ya está escrita. La mancha ya está. Ahora solo queda esperar que este mazazo despierte a quienes hoy están sumidos en el letargo. El “Loco Julio” desde su butaca donde su figura está inmortalizada, seguirá alentando en la categoría que sea, pero que nadie olvide los nombres de los responsables de esta triste condena, Alejandro Chapini y José Manzur