Por Isabela Figueroa
La escena política argentina comienza a ordenarse anticipadamente de cara a 2027, con un oficialismo que sostiene iniciativa y una oposición aún en búsqueda de liderazgo.
El gobierno de Javier Milei mantiene como principal fortaleza su capacidad de marcar agenda y una narrativa firme basada en el orden económico. A pesar de las dificultades sociales, conserva un núcleo de apoyo que respalda el rumbo.

Del otro lado, la oposición intensifica sus críticas al impacto del ajuste y al estilo confrontativo, pero sigue sin consolidar una propuesta unificada que logre capitalizar el descontento.
En paralelo, emerge un fenómeno preocupante: amenazas de tiroteos en escuelas, difundidas principalmente en redes sociales. Aunque en su mayoría no se concretan, generan temor, alteran la vida escolar y evidencian nuevas formas de violencia simbólica.

Aquí aparece un punto clave: la responsabilidad comunicativa. Informar es necesario, pero amplificar sin criterio puede contribuir al efecto buscado por quienes generan estos mensajes: instalar miedo.
El desafío es claro: comunicar con precisión, sin caer en la espectacularización.
Si bien algunos sectores ensayan comparaciones con etapas oscuras de la historia argentina, las diferencias son profundas: hoy hay democracia, instituciones y garantías vigentes. Sin embargo, el contexto exige atención.
Argentina transita así un escenario donde política, economía y nuevas tensiones sociales conviven en equilibrio frágil, con un interrogante de fondo: cómo sostener la convivencia sin alimentar el miedo.