La frágil diplomacia entre Ottawa y Washington
El presidente Donald Trump llevó las relaciones entre Estados Unidos y Canadá al límite mediante aranceles agresivos, ataques políticos y declaraciones sobre anexar al país como el «estado 51» por «fuerza económica». En respuesta, el primer ministro canadiense Mark Carney inició una discreta ofensiva diplomática para reducir tensiones antes de la cumbre del G7 en Alberta.

Estrategia de acercamiento
Carney estableció contacto directo con Trump mediante llamadas y mensajes de texto en semanas previas al encuentro. Durante su reunión bilateral, el mandatario canadiense deseó al presidente estadounidense un feliz cumpleaños atrasado y enfatizó la necesidad de cooperación continua entre ambas naciones.
«Donald Trump aprecia las llamadas directas. Carney es un hombre de negocios serio y capaz»
– Senador Kevin Cramer (R.D.N.)
Medidas concretas
- Aceleración del gasto en defensa: Canadá se comprometió a alcanzar objetivos de gasto de la OTAN antes de lo previsto
- Rediseño de agenda: Evitó temas como cambio climático para centrarse en migración y energía
- Eliminación del comunicado conjunto: Reconocimiento tácito de las divisiones en el G7
Antecedentes conflictivos
Los aranceles estadounidenses a acero, aluminio y automóviles canadienses generaron represalias y catapultaron el ascenso político de Carney en marzo. Aunque declaró «Canadá no está en venta» durante su primer encuentro en la Casa Blanca, posteriormente adoptó un enfoque más conciliador.
Desafíos pendientes
Trump enfrenta prioridades comerciales urgentes con Japón y otros aliados antes del plazo del 8 de julio para reimponer aranceles. Simultáneamente, la crisis en Medio Oriente podría desviar la atención de las negociaciones bilaterales.
«Las apuestas son mucho más altas para Carney que para Trump», reconoció una fuente cercana a la Casa Blanca, destacando la frágil relación entre los líderes.