La fiebre de la IA y la demanda voraz de energía
Desde el dot-com hasta el blockchain, la industria tecnológica tiene un historial de FOMO (miedo a perderse algo). Ahora, la burbuja de la inteligencia artificial está dando a luz una nueva generación de carreras: la lucha por asegurar suministros de gas natural y equipos para alimentar sus descomunales centros de datos.

Las gigantes tecnológicas se lanzan por el gas
Esta semana, Google confirmó que trabaja con Crusoe para construir una planta de energía de gas natural de 933 megavatios en el norte de Texas. Microsoft anunció el martes una alianza con Chevron y Engine No. 1 para una planta en el oeste de Texas que podría crecer hasta producir 5 gigavatios. La semana pasada, Meta reveló que añadirá siete plantas más de gas natural a su centro de datos Hyperion en Louisiana, llevando la capacidad total del sitio a 7.46 GW, suficiente para alimentar a todo el estado de Dakota del Sur.

Escasez y precios en alza: la crisis de las turbinas
Esta avalancha por el gas natural ha generado una escasez crítica de turbinas para las plantas de energía. Según la consultora Wood Mackenzie, los precios de este equipo podrían aumentar un 195% para finales de este año en comparación con 2019. Las turbinas representan entre el 20% y el 30% del costo de una planta.
«Las empresas no podrán realizar nuevos pedidos hasta 2028, y la entrega de turbinas está tomando seis años», señala la consultoría. Esta situación obliga a las tecnológicas a apostar por que la fiebre de la IA no cederá y que necesitarán cantidades exponenciales de poder.
¿Una apuesta segura? Los riesgos del gas natural
Aunque las reservas de gas natural en el sur de Estados Unidos son abundantes, el crecimiento de la producción en las tres principales regiones shale ha disminuido considerablemente. Además, la industria enfrenta riesgos:
- Volatilidad de precios: Ninguna empresa ha revelado los términos específicos de sus contratos, dejando incógnita su exposición a las fluctuaciones.
- Presión climática: Un invierno frío podría disparar la demanda para calefacción doméstica, forzando una elección difícil: ¿mantener los centros de datos de IA encendidos o permitir que la gente caliente sus hogares?
- Impacto en la red: Al construir plantas «detrás del medidor» (conexión directa a sus centros de datos), las empresas buscan no sobrecargar la red eléctrica. Sin embargo, solo están trasladando su consumo a la red de gas natural, un recurso finito.
El gas natural genera cerca del 40% de la electricidad en EE.UU., según la Administración de Información de Energía. Si las ambiciones de las tecnológicas crecen demasiado, incluso sus operaciones detrás del medidor podrían impulsar al alza los precios de la energía para todos.
Consecuencias ambientales y económicas
La carrera por el gas natural no solo preocupa a los hogares. Otras industrias, como la petroquímica, que son más dependientes de este recurso y no pueden cambiar fácilmente a renovables, podrían resistirse a que los centros de datos acaparen tanto suministro.
La fiebre de la IA ha ilustrado crudamente las limitaciones físicas del mundo digital. Apostar fuerte por un recurso finito conlleva riesgos ambientales y económicos significativos. Las empresas tecnológicas podrían terminar lamentando haber caído en el FOMO más grande de todos.