Una Promesa que Pierde Fuerza
En 2010, Warren Buffett y Bill Gates lanzaron una campaña aparentemente simple dirigida a las personas más ricas del mundo: el Giving Pledge. Se trataba de un compromiso público para donar más de la mitad de su fortuna durante su vida o tras su muerte.
La iniciativa surgió en un momento en que la tecnología estaba creando multimillonarios a un ritmo sin precedentes. “Estamos hablando de billones con el tiempo”, dijo Buffett entonces. Los billones se materializaron, pero la filantropía prometida no ha seguido el mismo ritmo.

Las Cifras de un Declive Innegable
Las estadísticas son elocuentes y muestran una tendencia a la baja constante en las adhesiones:
- Primeros cinco años: 113 familias firmaron el compromiso.
- Segundo lustro: Solo 72 nuevas adhesiones.
- Tercer período de cinco años: La cifra cayó a 43.
- Todo el año 2024: Únicamente 4 nuevos firmantes.
Aunque la lista incluye nombres poderosos como Sam Altman, Mark Zuckerberg y Priscilla Chan, y Elon Musk, para el inversor Peter Thiel es un club que “realmente se ha quedado sin energía”.
El Cambio Ideológico en Silicon Valley
El lenguaje de “hacer del mundo un lugar mejor” ha perdido credibilidad en el valle tecnológico. La sátira de la serie “Silicon Valley” de HBO contribuyó a que incluso las empresas dejaran de usar esa frase. El creador de la serie, Mike Judge, describió la batalla subyacente como una lucha entre “el sistema de valores hippie de la generación de Steve Jobs y los valores libertarios de Ayn Rand de la generación de Peter Thiel”.
“Algunos de nosotros realmente, por ingenuo que suene, vinimos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. Y no lo logramos… los libertarios se hicieron cargo, y no les importa un comino lo correcto o incorrecto. Están aquí para hacer dinero.”
Peter Thiel y la Presión para Abandonar el Compromiso
Thiel, quien nunca firmó el Pledge, se ha convertido en un crítico abierto. Le dijo a The New York Times que ha animado en privado a alrededor de una docena de firmantes a retractarse de su compromiso, calificando el Giving Pledge de “club falso de la generación Boomer, adyacente a Epstein”.
Thiel argumenta que quienes permanecen en la lista pública se sienten “una especie de chantajeados” por la opinión pública para no renunciar a una promesa no vinculante. Incluso animó a Elon Musk a darse de baja, alegando que su dinero iría “a organizaciones sin fines de lucro de izquierda elegidas por” Gates.
Replanteamientos Filantrópicos en Marcha
Mientras el Pledge decae, algunos magnates redefinen sus enfoques filantrópicos. A principios de 2026, la Chan Zuckerberg Initiative (CZI) recortó alrededor de 70 empleos y alejó su foco de la educación y la justicia social para priorizar su red Biohub, institutos de investigación sin fines de lucro centrados en la biología.
Por otro lado, Bill Gates declaró el año pasado que donará virtualmente toda su riqueza restante —más de 200.000 millones de dólares— a través de la Fundación Gates en las próximas dos décadas, con el cierre permanente de la fundación previsto para el 31 de diciembre de 2045.
Un Contexto de Desigualdad Creciente
Este debate filantrópico ocurre en un mundo de disparidades extremas. El 1% más rico de los hogares estadounidenses posee tanta riqueza como el 90% inferior combinado. Globalmente, la riqueza de los multimillonarios ha crecido un 81% desde 2020, alcanzando los 18,3 billones de dólares.
Mientras, plataformas como GoFundMe reportan un aumento del 17% en recaudaciones para necesidades básicas como alquiler, comida y facturas. La coincidencia entre esta realidad y las decisiones en las salas de juntas filantrópicas es difícil de ignorar.
Mirando al Pasado para Entender el Futuro
La concentración de riqueza actual recuerda a la primera Edad Dorada (década de 1890 a principios de 1900). La corrección entonces no vino de los filántropos, sino de políticas públicas: la lucha contra los monopolios, el impuesto sobre la renta federal, el impuesto sobre sucesiones y, eventualmente, el New Deal.
El Giving Pledge siempre fue, como dijo Buffett, solo una “promesa moral”: sin fiscalización, sin consecuencias. Que alguna vez tuviera peso dice algo de la época que lo produjo. Que hoy se debata su relevancia y se perciba como una posible coerción, dice mucho de la época en la que vivimos ahora.