El legendario enólogo francés falleció en Burdeos a los 78 años. Dejó una huella imborrable en los viñedos de Argentina y Estados Unidos, transformando botellas locales en activos de lujo codiciados en todo el mundo
El universo de la enología ha perdido a su figura más influyente y cosmopolita. Michel Rolland, el consultor francés que rediseñó el gusto del vino moderno y lo llevó a las mesas más exclusivas del planeta, falleció este viernes en Burdeos a los 78 años. La noticia, que ya recorre las principales capitales vitivinícolas, marca el cierre de una era para un sector que Rolland no solo asesoró, sino que transformó profundamente a través de su carisma y una capacidad técnica sin precedentes.
Su última aparición pública de gran relevancia tuvo lugar apenas semanas atrás, durante la Vendimia 2026 en Mendoza. Quienes compartieron con él esos días lo describieron como un hombre vital y pleno, disfrutando de la fiesta máxima del vino junto a sus amigos más cercanos y autoridades locales, reafirmando ese vínculo inquebrantable que mantuvo con el Cono Sur hasta sus últimos días.
Nacido en la víspera de Navidad de 1947 en Libourne, Rolland creció rodeado de los viñedos familiares de Burdeos, lo que forjó su destino desde la infancia. Tras formarse en la prestigiosa universidad de su región bajo la tutela de los grandes pilares de la disciplina, decidió que el mundo era demasiado grande para quedarse en un solo terruño. Así nació el concepto del consultor itinerante, una figura que viajaba de hemisferio en hemisferio para imponer un estilo que se convirtió en su marca registrada: vinos de gran intensidad, con una madurez frutal exuberante y una elegancia otorgada por el uso maestro de la madera.
Su romance con Argentina fue, quizás, el capítulo más apasionante de su carrera internacional. Cautivado por el potencial del Valle de Uco, Rolland no solo brindó asesoría técnica, sino que se convirtió en un motor de inversión. En 1998, convenció a un grupo de socios franceses para fundar el ambicioso proyecto Clos de los Siete, un complejo de bodegas que puso al Malbec en el radar del mercado global de lujo. Años más tarde, en 2010, inauguró su propia bodega bajo su apellido, consolidando una década de trabajo minucioso en suelo mendocino.
La influencia de Rolland fue tan vasta que trascendió las bodegas para instalarse en la cultura popular, llegando a ser el rostro visible de la transformación industrial en el aclamado documental Mondovino. Aunque su estilo generó debates entre los puristas de la tradición y los defensores de la modernidad, nadie pone en duda que su intervención fue la llave que permitió al vino sudamericano competir en las grandes ligas internacionales, elevando los estándares de calidad a niveles nunca antes vistos.
Marcelo Casazza, ingeniero agrónomo y uno de sus colaboradores más antiguos, recordó conmovido que Rolland era, ante todo, un maestro generoso. En recientes declaraciones, Casazza destacó que el enólogo francés eligió Argentina porque encontró allí una mística especial que lo enamoró. Su última cena, celebrada el lunes posterior a la fiesta de la vendimia junto a la familia Bressia, fue el cierre perfecto para una vida dedicada al placer y al trabajo: estaba feliz, celebrando la que consideró una de las mejores fiestas de su vida.
El recuerdo con la entrevista realizada por Oscar Pinco en su programa «Pasión por el vino» que puede verse también en nuestro canal https://alritmodemiami.com/