El histórico relator de «Fútbol de Primera» falleció a los 78 años. Creador de un estilo irreverente y cinematográfico, dejó una huella imborrable en la cultura popular con sus frases icónicas y su dupla inolvidable junto a Enrique Macaya Márquez
El periodismo argentino despide hoy a uno de sus narradores más disruptivos y singulares. Marcelo Araujo, el hombre que transformó la transmisión de los partidos de fútbol en un espectáculo de suspenso y entretenimiento, falleció este lunes, dejando un vacío imposible de llenar en las cabinas de transmisión que ocupó durante más de tres décadas.
Nacido bajo el nombre de Lázaro Jaime Zilberman, Araujo no solo relataba lo que sucedía en el campo de juego; construía una narrativa. Su ascenso a la masividad llegó de la mano de «Fútbol de Primera», el programa que durante los años 90 paralizaba al país cada domingo a la noche. Allí, junto a su histórico ladero Enrique Macaya Márquez, formó la sociedad más emblemática de la televisión deportiva nacional, combinando la sobriedad del análisis técnico con la explosividad de un relato que rozaba lo actoral.
Su estilo fue, ante todo, un quiebre estético. Introdujo latiguillos que se instalaron para siempre en el diccionario del hincha: desde el «¿estás crazy, Macaya?» hasta el «¡qué viva el fútbol!», pasando por sus silencios dramáticos antes de gritar un gol y sus polémicas opiniones que lo mantenían siempre en el centro de la escena. Araujo entendió antes que nadie que el fútbol en televisión era, además de un deporte, un producto de entretenimiento que requería ritmo, ironía y una pizca de provocación.
A lo largo de su carrera, cubrió numerosos mundiales y eventos de elite, pero su figura quedó íntimamente ligada al ritual del domingo local. En sus últimos años, tras su paso por el programa «Fútbol para Todos» donde ejerció como relator principal y director periodístico, se había mantenido alejado de los micrófonos, disfrutando de una vida privada con apariciones esporádicas.
Con su partida, se cierra una etapa dorada de la locución argentina. Los estadios hoy guardarán un minuto de silencio por la voz que, con un estilo irrepetible, nos hizo sentir que cada jugada era la más importante de nuestras vidas.