Batalla judicial y narrativa: el doble frente de Trump
La administración de Donald Trump enfrenta obstáculos significativos en su intento por acelerar las deportaciones masivas, especialmente de migrantes con antecedentes criminales. Mientras los tribunales federales frenan sus iniciativas, la Casa Blanca intensifica su estrategia de comunicación para presentar estos reveses como una «obstrucción judicial».
El caso de Sudán del Sur y el juez Murphy
Esta semana, el foco está en el juez federal Brian Murphy (designado por Biden), quien ordenó detener la deportación inmediata de siete hombres a Sudán del Sur. La administración intentó enviarlos con solo 12 horas de anticipación, violando el debido proceso establecido en una orden previa.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) defendió la medida, calificando a los deportados como «monstruos» con condenas por violación y asesinato. Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, acusó a «jueces activistas» de proteger a «terroristas extranjeros».
Reacción judicial: derechos constitucionales bajo amenaza
«Estos derechos no se racionan según opiniones políticas. Pertenecen incluso a quienes muchos considerarían los más repugnantes entre nosotros»
Varios magistrados han advertido que la administración busca debilitar las garantías procesales. En mayo, el juez Lawrence Vilardo (designado por Obama) recordó que «incluso un canalla tiene derecho a permanecer libre hasta que el debido proceso pruebe que lo es».

El rol de la Corte Suprema
Tras un fallo reciente que exigió mayor transparencia en deportaciones bajo la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, Trump instó al máximo tribunal a «terminar el pantano creado por la izquierda radical». Sin embargo, los jueces aclararon que su decisión no impide usar otros mecanismos legales.