La ex presidenta busca reconstruir puentes con antiguos adversarios como Pichetto, Moreno y Urtubey para blindar la oposición contra Milei. La estrategia intenta recuperar el centro político mientras crece el celo interno por el proyecto presidencial de Axel Kicillof
El peronismo ha comenzado a mover sus piezas en el tablero político con una meta que trasciende las fronteras del Partido Justicialista. Ante la gestión de Javier Milei y el desafío de las próximas contiendas electorales, Cristina Kirchner ha puesto en marcha un ambicioso plan de apertura para edificar un frente opositor más robusto, explorando diálogos con figuras que, hasta hace poco, se encontraban en las antípodas de su conducción.
En este nuevo esquema de poder, lo que antes parecía imposible hoy es materia de negociación. La exmandataria ha restablecido canales con dirigentes de peso propio como Guillermo Moreno, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey. El objetivo es claro: suturar las heridas del pasado y sumar voluntades para enfrentar el modelo libertario con una coalición de «centro nacional» que resulte atractiva para el electorado moderado.
Sin embargo, esta búsqueda de unidad convive con una sorda batalla por el liderazgo. Mientras la expresidenta despliega su estrategia desde la estructura del PJ, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, promueve su propia plataforma de resistencia. Aunque ambos coinciden en la necesidad de una gran alianza contra Milei, sus proyectos hoy se perciben como excluyentes: el kirchnerismo busca tutelar el proceso, mientras que desde La Plata intentan que el gobernador sea el eje de una renovación sin condicionamientos.
La apertura no se limita solo al peronismo no kirchnerista. Espadas legislativas como Juliana Di Tullio han comenzado a «seducir» a sectores del radicalismo con orígenes populares, definiéndolos como «primos» ideológicos necesarios para la nueva etapa. En sintonía, figuras como Ricardo Alfonsín y Federico Storani aparecen en el radar como posibles interlocutores de un frente que apunte directamente al 2027.
El desafío para esta nueva coalición será resolver sus contradicciones internas. Mientras Miguel Ángel Pichetto pregona un proyecto «moderno, democrático y capitalista» para atraer a los sectores distantes del Instituto Patria, el núcleo duro de La Cámpora, liderado por Máximo Kirchner, mantiene la guardia alta contra aquellos dirigentes que negocian con el Gobierno en el Congreso.
La gran incógnita que recorre los pasillos del PJ es si esta ampliación será suficiente para recuperar el poder o si las disputas por el control de la boleta bonaerense —donde Kicillof baraja desdoblar las elecciones— terminarán por fragmentar definitivamente el espacio opositor antes de llegar a las urnas.